Capitulo 24: Deseo y efecto


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No dije palabra alguna, simplemente me limite a seguir a Zach, no lo perdería de vista nuevamente por mas que continuaba impactada por la noticia. Cualquier furia que hubiera tenido contra las hadas por lo sucedido anteriormente quedo totalmente de lado, seria mejor comportarme frente a la reina a menos que deseara molestarla. Y, lamentablemente, no era bueno molestar a la reina de las hadas.

Seguí a Zachary sin dificultad alguna, era difícil estando con él prestarle atención a algo que no fuera su frialdad siempre presente en aquella mirada. Trague con dificultad al ver que cruzábamos todo el salón e íbamos directo al palco privado de la reina. Me detuve un segundo y mire algo intimidada los pocos escalones que debía subir y ya daban a donde ella estaba. Zachary se detuvo a mitad de los escalones, me miro de un modo inquisitivo y luego me obligo con la mirada a seguirlo. Asentí obedientemente ante la seria mirada de aquel brujo y lo seguí. Trece escalones subí exactamente, trece escalones antes de caminar un metro y cruzar las grandes y pesadas cortinas que separaban totalmente aquella parte del resto del salón. Respire hondamente antes de hacer a un lado las gruesas y espesas cortinas y entrar a la habitación.

La habitación estaba totalmente a oscuras, apenas si lograba ver las figuras recortadas contra la oscuridad y fue cuestión de segundos para que mis ojos se habituaran. Vi la figura de todas las hadas aquí presentes, reconocí a los mismos dos caballeros que me habían dado la invitación y en un magnifico sillón reconocí la silueta de la reina. Las cortinas quedaron apenas abiertas de modo que un rayo de luz se filtro al interior e ilumino mínimamente. La reina de las hadas era quizás el ser mas hermoso que hubiera visto, su piel de porcelana era perfecta, sus ojos dos diamantes y su cabello parecía hecho a partir del rubí. Enseguida me incline ante ella cuando se puso en pie. No la mire, no tenia idea de que debía exactamente hacer. Mire apenas de soslayo a Zachary, él seguía en pie sin haberse movido en lo mas mínimo.

_ Joven brujo, has arruinado mi entretenimiento –dijo ella

Su voz era cautivante, dulce y espesa. Cualquier hombre hubiera caído perfectamente enamorado de tan solo oír aquella voz. Cualquier mujer la hubiera envidiado terriblemente. Pero a mi no me ocurrió nada de aquello, simplemente me quede helada y mi sangre se congelo al saber a que se refería con su entretenimiento. Trague con dificultad y me atreví a mirar apenas a la hermosa y cruel reina. Zachary no respondió, no dijo palabra alguna, simplemente se limito a mirar a la reina fríamente como acostumbraba hacer con cualquiera.

_ ¿Acaso la estas pasando bien guardiana del Sol? –pregunto ella y levante la vista al escuchar que me nombraba

_ Su fiesta es increíble –dije educadamente

_ ¿Y tienes idea de que hora es? –pregunto ella y no respondí

_ No debería jugar así con sus invitados –dijo Zachary y la reina sonrió forzadamente

_ Es casi medianoche –dijo dejándome totalmente helada

_ ¿Pero como es aquello posible? –pregunte, no podía asumir aquellas palabras- No ha pasado tanto tiempo, estoy segura de que...

_ No tienes idea de cuanto tiempo estuviste bailando con aquel servidor del Consejo –me interrumpió Zachary- El encantamiento de la melodía hace perder también el sentido del tiempo.

_ Imposible –susurre pero el brujo asintió

_ ¿Estarás presente en mis brindis de medianoche guardiana del Sol? –Pregunto la reina sonriendo- Me gustaría que así fuera, hace mucho que no tenemos el honor de tener la presencia de un caballero. Y no uno cualquiera, sino que el mismo que esta encargado de la paz entre el bien y el mal.

_ El honor es mío por que me hubiera invitado –dije

_ Pues que bueno que hubieras aceptado mi invitación –dijo ella- Tu presencia es un regalo.

_ Respondiendo a su pregunta anterior, estaré presente en sus brindis de medianoche, no me los perdería por nada –dije

_ Excelente –dijo la reina sonriendo- Estarás junto a mi cuando haga los brindis, espero lo disfrutes tanto como todos mis súbditos.

_ Si así lo desea Su Majestad –dije con extrema elegancia

_ Tu eres la guardiana del Sol –afirmo ella y comenzó a dar vueltas alrededor de mi- Realmente eres un ser muy fascinante, provocas demasiada curiosidad en mi. Me gustaría saber más respecto a tu naturaleza, a tus habilidades, a tus atributos.

Me quede helada por el modo en que ella hablaba. Aquello no sonaba a unas simples palabras para expresar curiosidad y las intenciones que había detrás me hacían estremecer. Trate de no imaginar los métodos que estaba pensando la reina para responder sus preguntas respecto a mí, trate de no imaginar que ella deseaba hacer experimentos conmigo por mas que aquella era la realidad.

_ ¿Puedo preguntarte una cosa guardiana del Sol? –dijo ella

_ Lo que usted desee su alteza –dije

_ ¿Eres feliz? –pregunto ella, dejándome helada por el modo en como lo dijo

_ Por supuesto que si Señora –dije

_ Aquello es lo que tú crees. ¿Pero acaso es cierto? –Dijo ella y continuó con su caminata a mí alrededor- Dices ser feliz guardiana del Sol pero yo sé que no es así. Yo lo sé y lo veo todo. Yo conozco el dolor que escondes y he visto las lágrimas que te niegas a derramar. He visto tu pasado, presente y futuro. Sé las culpas que cargas, los sufrimientos que guardas, los recuerdos que aun te hieren. Sé a quien extrañas, a quien no. Conozco el nombre de la persona que deseas ver muerta, de la que odias, de la que amas y de la que deseas ver mas que nada. Conozco todos tus miedos y deseos, tus equivocaciones y tus aciertos, tus engaños y tus realidades, tus mentiras y tus verdades.

Sentí como mi corazón caía hecho añicos al suelo, como aquel terrible dolor regresaba. La reina sonrió triunfal al haber dado en el blanco y se detuvo frente a mí. Tome con una mano mi collar, sintiendo el agudo dolor desgarrarme el corazón. Luche contra las lágrimas que amenazaban por salir y logre contenerlas. Quise implorarle a la reina que no continuara, que no me recordara aquel dolor siempre existente. Quise hablar pero no pude ni abrir la boca.

_ No eres una persona totalmente feliz guardiana del Sol. ¿Entonces por que andas por ahí pretendiendo serlo? –pregunto ella

Combatí contra el dolor y la tristeza que amenazaban con vencerme. Cerré los ojos y sacudí apenas la cabeza para obligarlos a volver a lo más profundo de mí ser y encerrarlos nuevamente. No, yo era la guardiana del Sol, era Katherin Strega Chevalier, no podía dejar que la reina de las hadas me venciera tan fácilmente y con solamente unas palabras. Respire hondo al calmarme antes de abrir los ojos y mirar seriamente a la reina. Ella no me ganaría, no me vencería. Sonreí de un modo casi despiadado antes de responderle.

_ Por que es mejor pretender ser feliz a andar sufriendo por unos desgraciados –dije y mi sonrisa solo se ensancho- No merecen mis lágrimas, no merecen que sufra por ellos, no merecen nada de mí.

_ Veo que tan fácil Kate te puede influenciar y casi tomar el control –dijo la reina- Ahora es la bruja quien domina. ¿No es así?

_ Prefiero que sea mi parte cruel y despiadada la que me domine en momentos como estos –dije aun sonriendo

_ ¿Y acaso eres capaz de controlarla? –pregunto ella

_ Perfectamente –dije y la sonrisa se borro, siendo reemplazada por una dulce sonrisa que le dedique a la reina- En estos seis meses he aprendido a controlarla mejor.

_ Juegas con tu propia oscuridad, es la primera vez que escucho algo así –dijo la reina- ¿Y que tan fácil Kathy te puede influenciar y casi tomar el control?

_ Realmente no sabría que responderle a aquello puesto que soy totalmente ignorante de cuando ella interviene o me influencia –dije- Mi parte buena predomina sobre mi parte mala pero no puedo decirle si me influencia o si me controla.

_ Comprendo. ¿Puedo preguntar por que has traído a las celebraciones una hierba de San Juan? ¿Acaso desconfías de nosotros? –pregunto ella

_ Claro que no Su Majestad –dije con extremo cuidado- Jamás desconfiaría de usted ni de sus súbditos. Pero no esta de más llevar siempre una hierba de San Juan en esta noche para prevenirse de los cabelluzcos del Diablo, lo ultimo que deseo es tener más problemas con Él.

_ No tienes de que prevenirte puesto que ellos no llegan hasta nuestras tierras, puedes dejar la flor a un lado si así lo deseas –dijo ella

_ Me encantaría –dije con elegancia- Pero cuando esta fiesta termine deberé de volver y seria muy descuidado de mi parte andar sin una hierba de San Juan cuando ya no esté en estas tierras.

Ella contuvo la respiración por un segundo, frustrada y molesta de no poder vencerme. Una ligera sonrisa ante mi victoria se dibujo en mi rostro y no pude evitar estar feliz. Le costaría mas a la reina lograr que me deshiciera de la única protección que tenía por más mínima que fuera. No abandonaría esta hierba de San Juan por nada, no caería en sus juegos de palabras para también caer en su trampa.

_ Su entrega de hace unos días ha sido excelente –dijo ella

_ Solcius siempre cumple a la perfección con sus encargos –dije- Aun mas con uno tan importante y de tan prestigioso destinatario como lo es usted.

_ Comprendo. Realmente debo agradecerte por tu cuidado y dedicación con tu trabajo y deber –dijo ella- Espero continúes así y cumplas con tu deber... Divino, podría decir.

_ No sé si divino Señora –dije con completa sinceridad- Pero si es un deber que involucra a lo divino.

_ ¿Ya has encontrado al mejor ángel o al mejor brujo? –pregunto ella

_ Lamentablemente, debo decirle que aun no tengo ni la más mínima pista respecto a quienes podrían ser –dije- Pero si estoy segura de que estaré para cumplir con mi deber cuando sea necesario. La sangre de ellos no será utilizada para desatar definitivamente la guerra entre la luz y la oscuridad mientras yo siga con vida.

_ Tu espíritu es fuerte y valeroso, tu alma pura –dijo la reina- Tal como lo he dicho anteriormente, eres un ser que provoca demasiada curiosidad en mi por saber mas al respecto guardiana del Sol. Ahora, si me disculpas, ya casi es medianoche y debo prepararme para ser recibida por mis súbditos y brindar junto con ellos.

_ Gracias por su tiempo señora –dije

_ Espero verte junto a mi en unos minutos para brindar –dijo ella

Me incline una última vez antes de darme vuelta y partir. Salí enseguida de esa habitación y me quede parada arriba de los escalones, observando todo el salón delante. Era casi un alivio ya no estar en presencia de la reina, ya no tener cuidado con cada palabra que dijese, ya no sentirme totalmente examinada. Zachary salio segundos después y se detuvo a mi lado.

_ Ya no hay ningún encantamiento –dije mirando el salón- O al menos, yo ya no lo siento.

_ En ningún momento lo sentiste –dijo él- Era la reina quien estaba jugando contigo, utilizándote como una marioneta.

_ Pensé aquello en un momento, jamás creí que tanto me acercaba de la realidad –dije y suspire- No mas que una marioneta, una muñequita controlada por hilos casi invisibles. Gracias por liberarme.

_ Tenía que hacerlo –dijo él

_ ¿Realmente estuve tanto tiempo en aquel encantamiento? –pregunte y él asintió

_ ¿Acaso no crees que fueron horas? –pregunto él y negué con la cabeza

_ No, no es eso. Es que no parece, no se sintieron como horas –dije- Me pregunto a donde estará ahora ese servidor del Consejo.

_ Si es inteligente esta afuera, tratando más que nada de aclararse la mente y concentrarse para la medianoche –dijo Zachary- No sería bueno para él que cayera victima de un encantamiento y mucho menos a medianoche, luego de eso no hay vuelta atrás. Te has comportado bien con la reina, tu madre te felicitara cuando lo sepa.

_ ¿Crees que podremos resistir el resto de la noche? –pregunte

_ No falta mucho tiempo, recuerda que es la noche mas corta del año –dijo él

_ Sabes una cosa, estaré cansada cuando esto termine –dije

_ ¿Por qué? –pregunto él

_ Hay demasiada magia en el aire, aquello me agota, me sofoca –dije- Y esto es tan solo la noche, la magia para las hadas se intensifica al amanecer de la noche de San Juan. Aquello me sobrepasara totalmente. ¿Tú no estarás cansado?

_ He dormido todo el día de hoy –dijo- Me levante minutos antes de ir por ti, por eso no me siento cansado en lo mas mínimo. Yo si pienso.

_ Yo también –dije y suspire- Pero aun así, hoy tenia demasiadas cosas que hacer como para dormir todo el día. Yo no soy como tu.

_ Claro que no, si lo serias, no te sentirías sofocada por tanta magia en el aire por que habrías descansado correcta y totalmente –dijo él

_ ¿Por qué eres así Zachary? –Dije y lo mire a los ojos- ¿Por qué siempre eres tan distante? ¿Por qué siempre eres tan frío? ¿Por qué pareces tan vacío siempre?

_ Por que es la realidad –dijo él y negué con la cabeza

_ No, yo sé que tú no eres así, que algo de sentimiento o de calor debe quedar dentro de ti por más mínimo que sea –dije

_ Cree lo que quieras pero estarás equivocada –dijo él cruzándose de brazos y mirando para otro lado- Al menos yo no me engaño a mi mismo y pretendo ser feliz.

_ Yo soy feliz –dije tristemente y suspire- O al menos en parte.

_ ¿Lo que dijo la reina de las hadas era verdad? –pregunto él

No le respondí, no deseaba hacerlo pero él vio la respuesta en mis ojos por más que yo trate de ocultarla. Nuevamente sentí la tristeza, el dolor, el sufrimiento de un pasado que debía olvidar pero no podía. Minutos mas tarde ya no estábamos solos ahí, los caballeros y los principales ministros de la reina había salido también. Los caballeros estaban perfectamente formados detrás, los ministros cada cual sentado elegantemente en una silla. Las parejas dejaron de bailar viendo que se acercaba la medianoche y todas las hadas se reunieron para presenciar los doce brindis de medianoche. Permanecí parada a un lado, tratando de ignorar las miradas de las hadas clavadas en mí.

_ Odio llamar la atención –susurre

_ Es tu castigo por ser quien eres –dijo Zachary tranquilamente

Él permanecía firme parado a mi lado, lo fulmine con la mirada. La reina salio minutos después y tomo elegantemente asiento en su trono frente a todos sus súbditos. El silencio rondaba totalmente en el salón, las hadas y todos los aquí presentes estaban totalmente atentos a cualquier movimiento de la reina. Los dos caballeros, ya conocidos por mi, se acercaron a la reina portando el paquete que habíamos entregado días antes. El portador se arrodillo y abrió el paquete. El otro tomo con cuidado la botella que adentro contenía y se la enseño a la reina.

_ Aeternus elixir –dijo Zachary por lo bajo

_ ¿Qué? –susurre

_ Es aquello lo que entregamos –dijo él- Aeternus elixir, un elixir que solamente lo da la flor del árbol de la vida un solo día al año y durante muy escasos minutos. Es con lo que la reina brinda.

Mire como la reina tomo una perfecta copa de cristal reluciente y su caballero le servia el dorado liquido. Ambos se hicieron a un lado y la reina se puso en pie, levantando su copa y parándose frente a la multitud. Mire el brillante y resplandeciente líquido que la copa contenía. Elixir del árbol de la vida, no todo el tiempo se veía algo así. ¿Realmente era aquello lo que había entregado a la reina? Era casi imposible de conseguir, era casi imposible determinar el momento exacto en que la flor del árbol de la vida daría su elixir.

_ ¡Hermanos y hermanas! ¡Estamos aquí reunidos para conmemorar la noche de San Juan, sagrado día para nosotros! –exclamo la reina

_ Por favor dime que no tiene preparado un discurso, no lo soportare –dijo Zachary y le pegue un codazo

_ Cállate –dije- No debemos estar en una mala postura.

_ Pero no aburriré a nadie con un complicado discurso de lo que esto significa para nosotros –dijo la reina y casi me estremecí ante la rápida mirada que nos echo- Además, tampoco nos queda mucho tiempo. Habrá momento para eso luego, pero por ahora, vayamos al grano. Queridas hadas de todo tipo –dijo ella dirigiéndose a la multitud- Queridos invitados –dijo ella mirándonos e inclinándose ante nosotros- Y servidores del Consejo –concluyo ella sin dirigirse a nadie en especifico- Ha llegado el momento de brindar.

En menos de un segundo se ocuparon de que cada individuo tuviera una copa en sus manos. Los dos caballeros se presentaron ante nosotros y nos entregaron a cada uno una copa conteniendo un líquido rojo oscuro.

_ Espero el vino sea de su agrado –dijo uno y sonrió- Nuestras mejores hadas se han ocupado de producirlo solo para ustedes.

_ Muchas gracias –dije al aceptar la copa y ellos dos se retiraron

_ No tomes más de media copa –dijo Zachary en mi oído- No lo hagas a menos que quieras que el vino te afecte. Es tomable, pero es una trampa para los ángeles.

_ Entendido –dije

Mire el oscuro liquido por un segundo, sabiendo que una parte de mi era mitad ángel. Tendría que tomarlo, no tenia otra opción, tan solo deseaba que este no me afectara totalmente. Volví mi vista al frente, viendo que la reina ya se disponía a brindar. La primera campanada de medianoche sonó.

_ Brindo por el fuego que nos calienta –dijo ella

La segunda campanada sonó.

_ Y también por la tierra que nos alimenta –dijo ella

La tercera campanada sonó.

_ Brindo por el agua que nos permite vivir –dijo ella

La cuarta campanada sonó.

_ Y por el viento que nos lleva con él –dijo la reina

Ella levanto su copa apenas más alto al igual que el resto de los presentes. Continué firme, mirando a la reina y entonces ella sonrió dulcemente mirando apenas hacia nosotros. La quinta campanada sonó.

_ Brindo por nuestros aliados de Solcius –dijo la reina

La sexta campanada sonó.

_ Y por su constante colaboración –dijo ella

La séptima campanada sonó.

_ Brindo por la caballera, guardiana del Sol, aquí presente –dijo la reina

La octava campanada sonó.

_ Y también por su divino y maldito deber –dijo

Ella asintió una vez y levanto aun más alto su copa antes de volver a fijarse en la multitud. Estaba totalmente helada, sin poder pensar coherentemente. ¿Acaso la reina acababa de decir que brindaba por mi? La novena campanada sonó.

_ Brindo por la muerte todos esos malditos que esta noche nos abandonan –dijo ella

La décima campanada sonó, una despiadada sonrisa se dibujo en su rostro.

_ Y también brindo y pido que su destino sea terrible como la muerte misma –dijo la reina

La onceaba campanada sonó.

_ Brindo por la destrucción de ese maldito Consejo –dijo la reina

La doceava campana sonó y su sonrisa solo se ensancho mientras levantaba aun más alto su copa.

_ ¡Y brindo por la muerte de todos sus malditos servidores! –grito la reina

Me quede en blanco y la copa casi se cae de mi mano al escuchar sus ultimas palabras. ¿Qué? Mire a las demás hadas alarmada pero sus gritos y sus festejos solamente confirmaban lo que yo creía. La reina rió de un modo casi sombrío antes de llevarse la copa a los labios y beber. Todos hicieron exactamente lo mismo. Me lleve la copa a los labios y apenas si me permití un sorbo antes de dejarla de lado, aun impactada por lo que acababa de oír.

_ ¿Qué es lo que les harán? –susurre

_ Antes mataban a los servidores del Consejo que venían y los sustituían por unos falsos –dijo Zachary en mi oído- Aquello fue hace mucho tiempo pero ahora ya no.

_ ¿Por qué no? –susurre

_ Un antepasado tuyo –dijo él- Fue en este mismo lugar, en esta misma noche. Luego de los doce brindis de medianoche se solía asesinar a los servidores del Consejo que estuvieran presentes. Claro, ya imaginaras que a los que portan tu sangre no. Un antepasado tuyo intervino al ver que sus compañeros iban a ser asesinados. Amenazo con quitarse su propia vida y como ya habrás visto, la reina les tiene mucho respeto a los caballeros y entonces cedió ante la petición de él. Desde ese día, no se asesinan más servidores del Consejo durante la noche de San Juan. Ellos despertaran mañana con dolor de cabeza y sin recordar nada, y alguien se ocupara de cubrir el asunto con el Consejo. La reina de las hadas acepto no matar más, pero no que dejaría de usarlos como entretenimiento.

_ Supongo que es lo justo –dije y él asintió

_ Fue gracias a tu antepasado aquello, él se paro frente a toda esta multitud y sostuvo la misma arma que tu llevas en la pierna contra su cabeza, amenazando matarse si la reina no cambiaba de parecer –dijo Zachary

_ Era valiente –dije

_ Era un loco –dijo Zachary

Lo mire molesta por que estuviera hablando de ese modo de mi antepasado pero él no hizo mas que responderme con una mirada de indiferencia. Deje la copa a un lado y me apoye sobre el barandal de la escalera, mirando como las demás hadas continuaban con sus festejos. Casi deseaba que la noche terminase, no quería permanecer mas en aquel mundo donde el bien y el mal se veían totalmente confundidos. Las hadas no diferenciaban el bien del mal, no eran totalmente conscientes de sus acciones y consecuencias, tan solo pensaban en divertirse.

_ ¿Cuánto tiempo falta? –susurre

_ Aun falta –dijo Zachary

Suspire muy a mi pesar, no estaba segura de cuanto tiempo mas podría soportar. El agotamiento ya hacia notar su presencia, la extrema magia en el aire me estaba sobrepasando y realmente no deseaba permanecer durante mucho mas tiempo aquí. La reina le entrego su copa vacía a un caballero y entonces le susurro algo al oído. El caballero asintió y volvió minutos después con un capullo del tamaño de una taza entre sus manos y una pequeña botella conteniendo un líquido tornasolado. La reina asintió y solo entonces volvió a tomar aquel aire autoritario que le correspondía.

_ No estamos solos esta noche –dijo ella- Como ya lo he mencionado anteriormente y como ya habrán notado todos ustedes, tenemos el honor de que nuestra invitada haya asistido. Hacia décadas que en nuestra humilde tierra no se hacia presente un caballero y hoy contamos especialmente con la presencia de una caballera, miembro de Solcius e hija de aquella caballera que nos prohibieron invitar una vez. Pero debo decir que nuestra invitada es una caballera muy especial, es también la guardiana del Sol, encargada de cumplir con aquel deber del cual nosotros ignoramos totalmente. Es por aquello que estoy feliz de contar con la presencia de ella, mi favorita invitada que hemos tenido hasta el momento. Es por eso que he decidido hacerle una ofrenda y desearía que se presentase frente a mí ahora mismo.

Trague con dificultad al escuchar aquello. Zachary prácticamente me empujo al ver que estaba totalmente paralizada y camine tratando de ignorar a la gran multitud hasta presentarme frente a la reina. Me incline ante ella, algunos escalones debajo de donde ella estaba parada. Volví a pararme perfectamente mientras ella me continuaba mirando fijamente.

_ Nos gustaría ver tu verdadera apariencia –dijo la reina

_ Como usted desee –dije antes de sacarme el antifaz

_ Tengo entendido que hace unos días ha sido tu aniversario numero diecisiete –dijo ella

_ Así es Su Majestad –dije

_ Pues entonces, de parte de mi y de mi pueblo, deseamos que aceptes nuestro regalo –dijo ella y el caballero volcó el liquido de la pequeña botella en el capullo antes de entregármelo- Un deseo.

_ De verdad se lo agradezco mucho Su Alteza pero no merezco un honor así –dije con mucho cuidado

_ Lo he visto y lo he sabido todo de ti, mereces aquel regalo que te estoy otorgando. Un simple deseo –dijo ella, su voz era encantadora no sin cierto tono de malicia- Piénsalo bien guardiana del Sol, puedes pedir lo que quieras y se te cumplirá. Conocer el rostro de tu enemigo, que quienes desconfiaron de ti sean castigados por el hecho, que la persona que te causo ese dolor que aun conservas sufra, que aquella muchacha con la que compartes sangre deje de existir...

Por mas que todos aquellos deseos sonaban tentadores para una parte de mi, me negué rotundamente a aceptarlos. No, yo no condenaría a nadie sin importar que me hubiera hecho este. La reina me sonreía maliciosamente, esperando que eligiera alguno de los deseos que ella me había propuesto. Mire el capullo conteniendo el líquido entre mis manos. Un deseo, no podía desperdiciarlo y mucho menos en algo como hacer sufrir a otro solo por que me había hecho sufrir a mi. Las lágrimas se formaron en mis ojos. No, yo no era así, no seria ni despechada ni vengativa. Mire el tornasolado líquido en el capullo. Mil deseos hubiera deseado pedir, mil errores hubiera deseado reparar, mil cosas habría pedido o habría tenido que pedir. ¡Un deseo! Hubiera podido pedir cualquier cosa y se me hubiera cumplido. Y sin embargo, al momento de decidir, me sorprendí a mi misma de saber lo que deseaba.

_ Discúlpeme pero ninguno de esos deseos pediría –dije con la mirada aun perdida en el liquido

_ ¿Entonces cual es el deseo que pedirías? –pregunto la reina y una lagrima cayo directo hasta el liquido

_ Nicholas... –susurre

Repetí el deseo mil veces en mi cabeza antes de llevarme el capullo a los labios y beber de ese liquido. La última vez que lo había visto había sido hacia mucho tiempo y aun podía recordar perfectamente sus últimas palabras. Podía recordar a la perfección como se había sentido ese ultimo abrazo suyo, como se había sentido ese ultimo beso suyo en mi mejilla. Deseaba volver a verlo más que nada. Tome y trague el amargo líquido totalmente antes de abrir los ojos y mirar a la reina.

_ Así que aquel es tu deseo, volver a ver a Nicholas Devang, ex-mano derecha de Lucifer –dijo ella y asentí- Tu deseo se cumplirá pequeña caballera, te lo aseguro. Ahora, la pregunta es que harás con eso.

_ Aquello no tiene importancia ahora –dije y le sonreí- Muchas gracias por su regalo.

Ella asintió y entonces me retire, volviéndome a poner el antifaz. Baje del estrado sin poder soportar mas seguir llamando la atención y Zachary me siguió. La reina de las hadas continuó dando un discurso al cual dejamos de prestarle totalmente atención. Se sentía un alivio que todos solo tuvieran la mirada en ella, volver a pasar totalmente desapercibida, volver a ser simplemente una persona aquí presente.

_ Extraño deseo, no lo hubiera imaginado –dijo Zachary- La ex-mano derecha de Lucifer desapareció de la faz de la tierra hace meses, no creo que te vaya a dar importancia por mas que seas la guardiana del Sol. Bueno... Excepto que uses tu supuesta lujuria...

_ No ignorara a su ultima novia –dije y sonreí- No me ignorara a mi.

_ Sin embargo, tenía entendido que tú ultima relación fue con un ángel –dijo Zachary

_ Aquello fue después de que terminara con Nicholas –dije

_ Solamente ahora me estoy dando cuenta de la persona que eres –dijo él- ¿Acaso es ese el pasado que tanto ocultas?

_ ¿Por qué he de contarte mi pasado si tú no me cuentas el tuyo? –Dije y sonreí- Es lo mismo Zachary, hasta que tu no me cuentes de tu pasado yo no te hablare del mío. Por otra parte, espero que la noche concluya rápidamente.

_ ¿Quieres que así lo haga? –Pregunto él mirándome con interés y sonrió fugazmente- Si quieres así puede ser.

_ ¿Cómo? –pregunte y él se acerco mas a mi

_ Cierra los ojos y deja que la melodía te invada totalmente, vuelve a caer en su encanto –susurro él demasiado cerca de mi- Veras como las horas pasan a ser minutos y los minutos segundos.

_ No podré volver a salir del encanto –dije

_ Para eso estoy yo –dijo él

_ ¿Y no caerás también en el encanto? –pregunte y él sonrió fugazmente

_ Claro que no –dijo y me enseño como sus oídos estaban tapados, volvió a sonreír- ¿Creíste que no era tan hábil? Sé perfectamente como tratar con las hadas, ya lo he hecho varias veces antes. Ahora hazme caso, cierra los ojos y no luches contre la melodía, los minutos pasaran a ser segundos y antes de que te des cuenta la noche ya habrá terminado.

_ Sabes que confío en ti Zach –susurre mirándolo- Por favor no me engañes.

_ Kat, no te haré nada, no me aprovechare –dijo él- No seré así contigo.

Lo mire una ultima vez para confirmarlo antes de cerrar los ojos y escuchar la melodía. Nuevamente mis pies comenzaron a moverse solos, mi mano tomo la que él me tendía y por mas imposible que parecía, antes de que me diera cuenta ya estaba bailando con Zachary, mi vista fija en sus ojos. Lo que para mi parecieron minutos en realidad fueron horas y mi cuerpo no hacia nada mas que seguir bailando mientras mi mente trataba de descifrar al brujo.

Las parejas volvieron totalmente a sus danzas, la fiesta volvió a ser la misma que antes había sido ahora supervisada por la reina desde su trono. Apenas si logre divisar por un segundo al servidor del Consejo que había sido victima del encanto junto conmigo, a un lado de todo, apoyado sobre un pilar mientras observaba todo. Por un segundo nuestras miradas se volvieron a encontrar antes de que lo perdiera de vista nuevamente y continuara bailando con Zachary.

_ ¿Continuaras observando a aquel servidor del Consejo toda la noche? –pregunto él en mi oído

_ El destino parece encaprichado con que así sea –dije

Para mi sorpresa, pude responder. Sentí que aun conservaba el control sobre mi cuerpo y que podría salir del encantamiento cuando quisiera. Mire a la reina, sentaba observando todo. Era ella la que me había hecho su marioneta y controlado la otra vez, ahora que ya no podía hacerlo yo realmente no estaba bajo un encantamiento. Pero aun así deje que fuera la melodía la que continuara controlando mi cuerpo, deseaba que esta noche pasara cuanto antes.

_ ¿Por qué esto te resulta tan torturante? –pregunto él

_ Por que siempre odie llamar la atención y aquí, no hago mas que eso, llamar la atención –dije

_ ¿Alguna vez te has puesto a pensar en que si llamas la atención es por algo? –Dijo él- Hay personas que pasan todas sus vidas tratando de llamar la atención aunque sea por dos segundos.

_ Pues yo no soy de esa gente –dije

_ No, eres todo lo contrario –dijo Zach

_ No es mi culpa –dije

_ No dije que lo fuera –respondió

Finalmente, él me soltó y pude salir totalmente del encantamiento. Él se retiro sin decir palabra alguna y lo seguí. Cruzamos todo el salón y salimos al exterior donde tan solo quedaban los fogones totalmente consumidos sobre el patio. El cielo ya empezaba a clarear, el amanecer seria pronto. Suspire y cerré los ojos apenas vi que el sol comenzaba a asomarse. El sueño comenzó a pesarme, la extrema magia en el aire me sofocaba y adormecía más y más conforme pasaban los segundos. Me apoye contra lo primero que encontré antes de quedarme dormida profundamente.

Parpadee varias veces antes de despertar y abrir los ojos. Mi cabeza estaba apoyada contra el cristal de la ventana, estaba dentro de un auto y podía ver como las calles pasaban rápidamente en el exterior. Me lleve una mano al pecho, aun estando media dormida y sintiéndome totalmente perdida. ¿Qué? ¿Cómo había terminado aquí? Zachary estaba totalmente del otro lado, la vista perdida por el cristal. Me estire y bostece antes de que él se percatara de que había despertado y entonces se fijara en mí.

_ ¿Qué ha pasado? –pregunte

_ Te quedaste dormida cuando la fiesta se dio por terminada –dijo él

_ ¿Y a donde vamos? –pregunte y él sonrió fugazmente

_ Te mereces ese helado –dijo Zachary

_ Creí que habías dicho que no me lo comprarías –dije

_ Si, pero realmente te lo mereces –dijo él- Y si hago algo por alguien, lo hago bien. Te llevo a la mejor heladería del mundo a que elijas lo que quieras, yo pagare.

_ No tienes por que –dije pero él pareció no oírme

Lo mire apenas de soslayo y no pude evitar sonreír, entonces él no estaba tan vacío como demostraba. El día siguiente a la noche de San Juan pareció escurrirse increíblemente rápido al igual que el resto de los días y la celebración de las hadas pareció quedar totalmente en el olvido. El mes termino sin más y el siguiente comenzó.

Mire con tentación el batido de fresas que Jude había dejado frente a mí. El sol ya se había ocultado totalmente fuera de la pequeña cafetería en donde estábamos. Luego de haber salido de Solcius al atardecer, habíamos optado por tomar la primera salida del mercado negro que encontráramos y fuéramos a tomar algo en esa ciudad. Habíamos terminado en New York, precisamente en este lugar. Estábamos los siete sentados alrededor de una redonda mesa, cada uno con su bebida.

_ Sigo insistiendo que hoy, 10 de Julio, es un día importante –dijo Sam

_ Claro Sam, lo que digas –repitió Will poniendo los ojos en blanco

_ Es el día de la independencia de las Bahamas –dije y tome un sorbo de mi batido- Se independizaron de Gran Bretaña el 10 de Julio de 1973. Sam esta en lo correcto, es un día importante si eres de las Bahamas.

_ Pero él no lo es –dijo Zachary- Simplemente es un idiota que recordó que hoy había sucedido algo.

_ No veo que tiene aquello de importancia –dijo Jeremiah

_ Simple, las ultimas vacaciones que Sam tuvo siendo humano fueron en las Bahamas –dijo Lupe

_ Quizás por estas fechas –dijo Jude- Por eso te debe de sonar familiar el día.

_ Es difícil recordar mi vida de humano –dijo Sam

_ Entonces dejémoslo en que simplemente es un día más y no se diga más palabra –dijo Will

_ Noche, el día termino hace una hora –dijo Zachary

_ Es exactamente lo mismo –dije y tome otro sorbo- Vinimos aquí para pasarla bien y relajarnos luego de la misión en Siberia.

_ Si que estaba helado allí –dijo Jeremiah abrazándose a si mismo y se estremeció- No había vida, todo estaba congelado.

_ Si pero cumplimos a la perfección y regresamos –dije- Y...

Me detuve enseguida al sentir aquella presencia. Las campanillas de la puerta sonaron cuando un nuevo cliente entro. El muchacho, totalmente vestido de negro, con lentes oscuros y sombrero se dirigió hacia el mostrador. Allí se quedo hablando con la camarera mientras yo lo observaba. Su presencia era fuerte, imposible de ignorar. Estaba despreocupadamente apoyado contra el mostrador mientras continuaba usando sus encantos para que la muchacha hablara y no dejara de sonreír. Lo observe durante varios segundos, vi como el cabello dorado oscuro y ondulado se le escapaba de debajo del sombrero, me fije en sus zapatos italianos, en sus visibles veinte años. Su voz apenas llegaba hasta mí pero la reconocí al instante.

La camarera negó sonriente la última pregunta que le había hecho el brujo antes de que este se retirara. Me puse en pie, ignorando totalmente a mis compañeros y me acerque hasta el mostrador. La muchacha dejo el trabajo que había recuperado y me sonrió amablemente. Me fije en el brujo, parado a un lado de la puerta, escribiendo en un libro. Él aun no se había fijado en mí. Mire a la camarera, esperando tener el suficiente tiempo. La mire fijamente a los ojos y ella enseguida quedo prendida de mi felina mirada.

_ ¿Puedo saber que es lo que él le ha preguntado? –dije

_ Me ha preguntado sobre un muchacho que solía venir aquí cada tarde, yo era la que lo atendía personalmente cada vez que venía. Él era muy amable y bueno, además de apuesto. Pero luego, un simple día, ya no vino mas –dijo la muchacha- Me han dicho que ha muerto, no lo sé muy bien.

Escuche apenas una maldición por lo bajo y mire rápidamente al brujo que había guardado su libro y había salido corriendo del establecimiento. No lo pensé dos veces, también corrí y salí detrás de él, siguiéndolo. Apenas estuve fuera sentí la segunda presencia y mire arriba. Vi las dos figuras recortadas en la azotea y no dude en subir también. De un salto estuve arriba y me sostuve contra un muro para que ninguno de los dos me viera. Maldije internamente al ver al encapuchado, perfectamente sano, arriba de la azotea frente al brujo.

_ Debes de tener tiempo de sobra para andar paseándote por los cafés de New York –dijo el encapuchado

_ No tanto tiempo como tú tienes –dijo el brujo- ¿Ya te has asegurado de sellar tu infierno? ¿Acaso ya te has condenado a la caina? No creas que no sé lo que tienes en mente.

_ Si, eso ya lo imaginaba, después de todo aquel es tu don. Por otra parte, es increíble lo fácil que las personas se dedican a espiar a otras –dijo el encapuchado- ¿No es así Katherin?

Me paralice totalmente al escuchar como él me nombraba y segundos después escuche su sombría risa. En menos de un parpadeo lo tuve delante y me hice a un lado antes de que me golpeara. Su puño se estrello contra el muro a un lado mío y de un rápido movimiento le arañe el rostro antes de que volviera a atacarme. Sonreí al dejarle tres largos rasguños y rápidamente me escabullí, corriendo a la azotea abierta. Salte cuando el encapuchado me tiro uno de sus cuchillos y fallo totalmente. Por un segundo estuve feliz de nuevamente vencerlo y entonces de un ágil movimiento saque el arma de mi chaqueta y me detuve. El brujo aun continuaba allí parado en la azotea, sorprendido por mi presencia. El encapuchado se detuvo metros frente a mí y lo apunte.

_ Al parecer ninguno de los dos tenia nada mejor que hacer últimamente que andar metiéndose en mi vida –dijo el encapuchado- ¿Cómo han estado tus últimos meses Katherin?

_ Cállate, no te permitiré que juegues con ella del mismo modo que lo haces con los demás –dijo el brujo

_ Lastima, es lo que he estado haciendo durante toda tu ausencia –dijo el encapuchado y sonrió fugazmente- Por otra parte, si en realidad quieres que juegue con ella del mismo modo en que lo hago con los demás...

El encapuchado sonrió maliciosamente antes de llevarse ambas manos a la cabeza y tomar la tela de su capucha. El brujo maldijo por lo bajo antes de aparecer en un segundo detrás de mi y tomarme. Me abrazo contra él de modo que no pude ver más al encapuchado. Mi rostro se hundió en su pecho, casi podía sentir el corazón que latía debajo. No entendía exactamente nada de lo que estaba pasando. Él me tapo los oídos y entonces escuche su voz en mi mente.

No lo escuches –dijo él- Por favor, pase lo que pase no lo mires ni lo escuches.

¿Por qué no? –pregunte

Por que no dejare que juegue contigo del mismo modo que lo hace con los demás –dijo él

Pero tu...

Estaré bien –me interrumpió- Ya estoy acostumbrado a esto y tarde o temprano termino por romper su efecto. Pase lo que pase no habrás los ojos ni lo escuches mientras él siga aquí.

Asentí aun vacilante, no deseaba que nada malo le pasase. Supe que el encapuchado hablo y que él le respondió, lo sentí por más que el sonido no llego hasta mis oídos. Los segundos pasaron, nada. No podía oír ni ver nada. ¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Por qué él me había dicho que no abriese los ojos ni lo escuchase? Él brujo se tenso y me abrazo aun mas fuertemente en un momento, manteniendo todavía sus manos sobre mis oídos para evitar que escuchara a toda costa.

¿Qué esta pasando? –pregunte

Nada bueno –dijo él- ¡Como odio a este maldito!

Reí tenuemente en mi mente, aquel era el brujo que yo recordaba. Casi pude sentirlo sonreír. Los segundos pasaban lentamente, nada parecía cambiar. Y por más que intentaba saber que era lo que estaba sucediendo, solamente obtenía mas preguntas como respuestas. Nuevamente volví a oír su voz dentro de mi cabeza.

Necesito que me hagas un favor –dijo él

¿Qué cosa? –pregunte

Cuando sea el momento, hazme el hechizo de memorĭa, ya sé lo que el maldito tiene en mente –dijo él

¿Y como sabré cuando sea el momento? –pregunte

No te preocupes, lo sabrás –dijo él- Confío en ti Katherin.

Asentí obedientemente antes de que él cayera sobre mí. Abrí los ojos en ese instante por más que no debía y lo sostuve, alarmada. Sus lentes cayeron al suelo. Apenas si llegue a oír la ultima risa del encapuchado antes de que este desapareciera totalmente dejando tras de si la esencia de un hechizo de transporte. Me apresure a sostener al brujo y mirarlo antes de pronunciar el hechizo.

_ Memorĭa –dije

Sostuve al brujo y lo mire preocupada. Él sonrió débilmente antes de abrir los ojos y devolverme la mirada. Sus profundos ojos celestes me miraron y no pude evitar sonreír, hacia mucho que no los veía y había extrañado aquella mirada. Aun así, la confusión estaba en su rostro y solo entonces fui consciente de por que me había pedido que le hiciese ese hechizo, pero él solo sonreía al mirarme.

_ Katherin... –susurro

_ ¿Estas bien? –pregunte

_ Me ha vuelto a pasar. ¿Verdad? El maldito me ha vuelto a borrar la memoria –dijo y asentí pero él sonrió optimistamente- Le gusta hacerme eso, no se que placer le encuentra. Igual no importa, es solo cuestión de días para que recuerde todo perfectamente.

_ Pero me recuerdas a mi –dije y él asintió

_ Haz hecho un hechizo para que lo hiciese –dijo él- Gracias.

_ No es nada –dije- Nicholas.

2 Responses to “Capitulo 24: Deseo y efecto”

  1. catherina says:

    waaaaaaaaaa....queeeee buenooo..me encanta...es super buena este cap...porfis esperro el prox cap...
    ADIOS....BESOSSSS

  2. aaaaaaaaaaaaaah queee geniaaal
    me encanta :D
    sigue (:

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