Capitulo 23: La noche de San Juan


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Me quede quieta mientras mi mamá continuaba arreglándome el cabello. Me mire al espejo nerviosa. Mi vestido color rojo caía casi hasta mis rodillas, mis pequeños guantes blancos estaban en mis manos y mis zapatos no eran más que pequeñas tiras de cuero entrelazadas y que llegaban hasta mis tobillos. No pude evitar sonreírme al verme mas alta gracias al taco aguja de estos pero aun así estaba nerviosa. Vi el reflejo de mi mamá. Ella continuaba con su minucioso trabajo de recoger mi cabello, atando cada pequeño mechón con diminutos ganchitos de plata.

_ Por favor cuídate –susurro ella- Las hadas son capaces de hacer cualquier cosa a sus invitados.

_ Estaré bien –dije- Pero aun así desearía no tener que ir.

_ Es un gran honor que la reina de las hadas te haya invitado, pero también es un castigo –dijo ella- Lamentablemente, no puedes negar la invitación, tendrás que ir y espero que nada te suceda.

_ Mamá, sé cuidar de mi misma –dije

_ Aun así –dijo ella terminando con su trabajo y suspiro, mirándome por el reflejo del espejo- Las hadas siempre escuchan, las hadas siempre conocen los deseos de uno, las hadas saben como hacer para que caigas victima de ellas. Ten mucho cuidado con lo que digas, podría ser utilizado en tu contra.

_ Estaré bien –repetí

_ Por suerte, las hadas nos respetan mas a nosotros –dijo ella- Habrá servidores del Consejo también, todos los años mandan a algunos para supervisar las celebraciones. Pero te advierto que las hadas los ven mas como un entretenimiento, juegan totalmente con ellos, son por una noche los bufones de la reina. Caen victimas de los hechizos de las hadas y quien sabe lo que terminan haciendo.

_ Eso no me pasara –dije convencida y ella sonrió

_ Claro que no –dijo- Eres una Chevalier, la reina de las hadas nos respeta mucho, siempre lo hizo. Eres también la guardiana del Sol, eres una persona muy importante, no un simple invitado mas con el cual jugar. Además, la hierba de San Juan te ayudara a que nada te ocurra.

_ Pero aquella planta solo evita la mayoría de los hechizos de las hadas –susurre y ella sonrió

_ Kat, no te pasara nada –dijo- Eres lo suficientemente fuerte como para poder con cualquier cosa y confío en ti.

_ ¿Y como sabes que no terminare metida en un gran lío? –Pregunte- Son hadas, juegan con todos los que asistan a sus celebraciones y no sean de los suyos.

_ Pero recuerda que tu fuiste invitada –dijo ella- A ti los caballeros de la reina te dieron la invitación, a los demás que asistirán los mando el Consejo contra cualquier voluntad de la reina. Por eso juegan con ellos.

_ ¿Y si también deciden jugar conmigo? –pregunte

_ Son hadas, juegan con todos Katherin –dijo ella y me sonrió dulcemente, poniendo una mano sobre mi hombro- Pero tu no eres cualquiera, la reina de las hadas no posaría su interés en cualquiera. A ti te invitaron Katherin, no cualquiera consigue que la reina de las hadas lo invite a las celebraciones de la noche de San Juan. Ni siquiera yo, que en su momento fui considerada el mejor ángel que existió, fui invitada por la reina a la noche de San Juan. Es todo un honor, es un regalo lo que se te fue dado Katherin.

_ Un regalo que desearía devolver. Tengo miedo de ir –susurre- Tengo miedo de lo que pueda ocurrir, no quiero que las hadas jueguen conmigo.

_ No te pasara nada –dijo ella tomándome de la mano- La hierba de San Juan te protegerá de cualquier encantamiento que pueda hacerte un hada normal. Te prometo que estarás bien Katherin pero te pido que por favor tengas mucho cuidado con lo que digas. Las hadas son capaces de hacer cualquier cosa a partir de lo que digas. Confío en que Zachary cuidara de ti, ya he hablado con él.

_ Zach no cuida de nadie más que él mismo –dije frunciendo el ceño

_ Cuidara de ti a menos que quiera conocer a tu papá furioso –dijo ella y ambas reímos- No te volveré a ver hasta mañana, las celebraciones de las hadas son únicas. La noche de San Juan empieza en el crepúsculo y termina al amanecer, no podrás volver hasta entonces.

_ Suerte que es la noche mas corta del año –dije sonriendo

_ Las doce campanadas de medianoche son el evento mas importante –continuo ella- La reina hace un brindis por cada campanada. Debes respetar todas y cada una de las tradiciones de esta noche, no importa sin son buenas o malas. Y Katherin, posiblemente serás el centro de atención.

_ ¡Que! –exclame disgustada y ella asintió- Con lo que odio llamar la atención.

_ Eres la guardiana del Sol, claro que llamaras la atención entre los demás seres –dijo ella- Pero eres una caballera, no debes dejar que aquello te intimide.

_ No me intimida, simplemente nunca me gusto llamar la atención –dije- ¡Nunca!

_ Mírate por un momento, eres hermosa –susurro ella- Es imposible que no llames la atención, no importa a donde vayas. Prométeme que te cuidaras esta noche.

_ Lo prometo –dije y ella me sonrió una última vez

_ Ya estás lista –dijo ella- Ahora ve, se te hace tarde y no puedes llegar luego del crepúsculo.

Asentí obedientemente antes de darme vuelta y abrazarla fuertemente. Ella sonrió y me abrazo mas fuertemente, influyéndome confianza. Le sonreí antes de despedirme y partir, aun tenia tiempo para salir pero debía apurarme de todos modos. Llegue a mi habitación sin haberme despeinado ni un milímetro y rápidamente me ocupe de agarrar las cosas. Tome el arma que descansaba sobre la baja estantería y me ocupe de atacarla a mi pierna y luego ocultarla bajo mi vestido. Me mire al espejo mientras terminaba de pintarme los labios. Lucy dejo lo que estaba haciendo en la computadora y se paro a mi lado.

_ Estás muy hermosa –dijo

_ Muchas gracias –dije y le sonreí

_ ¿Tienes por misión ir a un baile o algo así? –pregunto

_ La reina de las hadas me ha invitado a la celebración de la noche de San Juan y debo asistir –dije

Ella me miro mientras terminaba de perfumarme y tome la hierba de San Juan. Aprecie la flor amarilla por unos segundos en mi mano. Lucy la tomo de mis manos y partió. Se subió arriba de su cama y me acerque a ella. Con mucho cuidado, ella tomo la flor y se ocupo de colocarla en mi cabello perfectamente.

_ ¿Estabas chateando? –pregunte mientras ella arreglaba la flor entre mis cabellos

_ Es una video-llamada pero él me dijo que lo aguardara unos segundos y de paso te ayudo –dijo ella

_ ¿Y con quien hablas? –pregunte

_ Eso no importa –dijo ella y soltó mi cabello- Listo, perfecto. Quedo precioso.

_ Gracias por tu ayuda Lucy –dije

_ ¿Volverás temprano? –pregunto ella y negué con la cabeza

_ No lo creo, la celebración termina con el amanecer y no se que hora será aquí cuando vuelva –dije- Hazme una promesa y no te quedes toda la noche despierta esperándome, los ángeles deben dormir a pesar de que no lo necesiten.

_ ¿Me contaras todo al día siguiente? –pregunto ella y asentí

_ ¿Acaso lo dudas? Serás la primera en saber lo ocurrido –dije

_ Espero estés bien –dijo ella y sonrió- Que el Sol te acompañe y proteja.

_ Muchas gracias –dije

_ Y que la Luna ilumine tu noche y vele por tu seguridad –agrego Lucy sonriendo y le devolví la sonrisa

_ Es tan solo una fiesta y la hierba de San Juan me protegerá –dije

_ ¿Entonces para eso sirve la flor? Yo simplemente la veía como una flor bonita –dijo ella y negué con la cabeza

_ Esta flor evitara que las hadas hagan travesuras conmigo –dije e hice una mueca- O al menos espero que eso haga, no sé si me protegerá de todas las hadas.

_ No tienes por que preocuparte Kathy, estarás bien –dijo la niña sonriendo- Tu siempre encuentras el modo de zafar y estar bien.

Le sonreí a la niña y al instante alguien toco a la puerta. Me di vuelta, mirando apenas de soslayo la luz aun encendida de la cámara de la computadora que mostraba que seguía grabando pero no le di mucha importancia. Abrí la puerta, mirando a un Zachary vestido con traje de pies a cabeza y disgustado totalmente por lo que tenía que hacer. Me lleve una mano a la boca para no reír y él me miro aun mas molesto.

_ Para ser sincera, el negro no te sienta para nada mal –dije

_ ¿Acaso debo responder aquello con un cumplido? –pregunto él con indiferencia

_ No, creo que es mas fácil que un rayo caiga en pleno día soleado –dije y me di vuelta, mirando a la niña que ya se había bajado de la cama- Adiós Lucy.

_ Adiós chiquilla –dijo Zachary de un modo casi despectivo y ella frunció el ceño

_ ¡No soy una chiquilla! –exclamo

_ Como digas –respondió Zachary sin darle mucha importancia

Él se dio vuelta, ya partiendo. Hice una mueca, disculpándome con la niña de algún modo por la actitud de él y luego lo seguí. El brujo caminaba con cierta gracia y elegancia por el corredor, su andar parecía casi armonioso. Lo mire mas detenidamente, realmente no me había equivocado, el negro le sentaba excelente y hacia resaltar mas su belleza inhumana. Él estaba completamente de negro y con la hierba de San Juan adornando el bolsillo de su chaqueta.

_ No te quedes atrás por que no te esperare –dijo él tranquilamente, obligándome a alcanzarlo casi corriendo

Aun quedaban unos minutos de rayos de sol cuando llegamos. Hice una mueca al detenernos frente al gran palacio donde se haría la celebración antes de seguir a Zachary y subir los escalones hasta las puertas. La tierra de las hadas en cierto modo me resultaba aplastante, sofocante, había demasiada magia en el aire como para poder sobrellevarlo con naturalidad. Me repetí una y otra vez que solo seria por una noche, que luego no tendría por que volver y aquello pareció calmarme. Era increíble como los humanos pasaban totalmente desapercibida la tierra de las hadas pero en cierto modo ellos sabían que no debían acercarse si no querían volver nunca mas. Ellos llamaban a esta zona el triangulo de las bermudas, atribuyendo a causas desconocidas las desapariciones que aquí ocurrían de humanos. ¿Por supuesto, quien atribuiría sino esas desapariciones a causa de que los humanos se habían acercado demasiado a la tierra de las hadas y por lo tanto habían terminado siendo convertidos en hadas o cualquier cosa? Era mucho más fácil atribuirlo a las causas desconocidas.

_ Esto será una tortura –mascullo Zachary

_ Nos presentamos, nos quedamos, y al amanecer partimos –dije tranquilamente- Con algo de suerte, saldremos ilesos.

_ Será una tortura igual –dijo él

_ Para ti todo es una tortura –dije poniendo los ojos en blanco

Nos detuvimos al cruzar la entrada y encontrarnos en la recepción. La música y la luz ya se escapaban de las puertas que llevaban al salón principal donde las celebraciones estaban por comenzar. Tres hadas se acercaron al instante. Me quede atónita de ver a Jeremiah sonriendo como nunca antes lo había visto, él esbozo una gran sonrisa y abrió los brazos para recibirnos.

_ ¡Katherin, Zachary! ¡Que genial que hayan asistido esta noche! –dijo él totalmente alegre y se inclino- Bienvenidos a nuestra humilde tierra, espero puedan disfrutar de las celebraciones al igual que nosotros.

_ No debería sorprenderte tanto verlo aquí –susurro Zachary en mi oído- Es un dríade, hada del bosque, y es mayor de edad. Puede asistir a las celebraciones del día de San Juan si así lo desea, es casi una obligación.

_ Este año la reina ha introducido un nuevo juego en que todos porten mascaras, sobre todo los invitados –dijo Jeremiah- Ya lo verán, será muy divertido.

Él se dio vuelta y entro al salón. Las dos hadas que quedaron se acercaron a nosotros. Una muchacha se acerco y me enseño una bandeja sobre la cual había apoyado un antifaz. La mire inquisitiva y ella asintió seriamente antes de que tomara el antifaz. Lo mire por unos segundos, viendo que el antifaz era totalmente negro y tenia aun lado en plateado el símbolo de Solcius. Ella se aclaro la garganta, mirándome seriamente y me puse el antifaz rápidamente. Ella sonrió de un modo casi empalagoso antes de darse vuelta y partir también.

_ Tu aspecto ha cambiado –dijo Zachary

_ ¿Qué? –pregunte y él señalo el espejo que había a un lado nuestro sobre la pared

Me mire y me toque el rostro casi de un modo desesperado, viendo como mi aspecto en realidad había cambiado totalmente con solo ponerme aquel antifaz. Mi piel ya no era tan pálida, mis ojos eran verdes ahora, mi cabello, negro. ¿Qué demonios tenia en mente la reina de las hadas? ¡Yo no quería otra apariencia! ¡Deseaba la mía! Pero aun así, debía respetar y cumplir cualquier cosa si no deseaba ofender a las hadas. Mire a Zachary, su cabello ahora era negro y sus ojos azules, su piel, extremadamente pálida.

_ Esto es ridículo –dijo él

_ Supongo que la reina desea divertirse un poco –dije hundiéndome de hombros y suspire- Es tan solo una noche Zach, cierra los ojos y haz como si nada pasase. Al menos mira el lado positivo.

_ ¿Cuál es el lado positivo? –pregunto él con notable molestia en la voz

_ Podría haber sido mucho peor –dije- Podrían habernos cambiado directamente de sexo en vez de apariencia.

No pude hacer mas que reír viendo que el nerviosismo ya había causado que dejara de pensar correctamente. Zachary paso a mi lado, propinándome un buen golpe en el cuello que al instante me callo. Lo mire molesta por un segundo, no podía ser que ni siquiera tuviera sentido del humor aquel brujo. Resople ofendida y lo seguí sin mas preámbulos.

El salón donde se festejaba principalmente era casi interminable, tan inmenso que me costaba ver el final. La música era suave y armoniosa. Las parejas bailaban sin cesar por todas partes. Las mesas que había a los costados estaban repletas de comida que parecía más que deliciosa. En ese instante un hombre se detuvo frente a mi y me sonrió de ese modo que solo lo hacían las hadas aquella noche. Una sonrisa demasiado encantadora, tanto que quedabas hipnotizada por aquella.

_ ¿Ha escuchado usted bien la música? –Pregunto el hombre y sonrió aun mas- Es encantadora. Adelante, préstele atención

Lo mire con curiosidad antes de prestarle más atención a la melodía. Aquella se coló por todo mí ser y por un momento pareció como si me hubiera atrapado totalmente. Hipnotizada por la melodía, mis pies comenzaron a moverse inconscientemente y levante una mano para aceptar la que me tendía el hombre. En ese instante Zachary se paro detrás de mí y me tapo los oídos con ambas manos, echándole una mirada envenenada al hombre.

_ Vete a buscar otro juguete –dijo él

El hombre lo fulmino con la mirada y una furia que casi daba miedo cruzo por su rostro. Se dio vuelta y partió, volviéndose a perder en la multitud. Ya no escuchaba mas la melodía, ya no me movía inconscientemente. Parecía como si toda melodía hubiera sido totalmente apagada. Zachary me dio vuelta, aun tapándome los oídos y me miro seriamente. Me quede prendida de sus felinos ojos y justo en ese instante él me soltó.

_ No les hagas caso –dijo seriamente- No le prestes atención a la música o quedaras capturada por ella y quien sabe que pasara.

_ Gracias –susurre

_ No importa que tan deliciosa se vea la comida, no pruebes ni un bocado o no dejaras de comer –dijo él- No importa cuanto te digan que aprecies la música, no lo hagas o esta te atrapara. Y sobre todo, no te acerques a las hadas. No importa cuan encantadores, dulces y amables parezcan, lo único que buscan esta noche es un juguete con el cual divertirse.

_ ¿Y se supone que debo resistir toda la noche así? –pregunte

_ Tienes suerte de que yo sepa tratar con hadas –dijo Zachary- Ya habrías caído bajo el encanto al igual que cualquier otro ser que no sea un hada que este aquí presente de no ser por mi.

_ ¿Soberbia? –Dije- Realmente, a veces no sé cual es tu pecado capital.

_ Y a veces realmente no sé como es posible que tu pecado capital sea la lujuria, eres la bruja con mas castidad que he conocido –dijo él y me reí- No sé de que te ríes, lo digo enserio. El imbécil que te habrá dicho que tu pecado capital es la lujuria se equivoco terriblemente.

_ Me acosté con el novio de mi hermana una vez –dije y sonreí maliciosamente- Unas varias veces.

_ Esta bien, ahora puedo aceptarlo –dijo él- Pero aun así, sigue siendo bastante difícil de creer. ¿Y tu virtud?

_ No tengo la menor idea –admití tranquilamente

_ Entonces estamos perfectamente –dijo él sin que le entendiera nada y entonces avanzo- Sígueme, será mucho mas fácil sobrellevar esto afuera que adentro.

Lo seguí sin decir palabra alguna, tarareando alguna canción cualquiera en mi mente para no prestarle atención a la verdadera melodía que estaba sonando. No mire a ambos lados, no deseaba ver las mesas repletas de tentadora comida. Tan solo me concentre en mirar la espalda de Zachary mientras lo seguía, ignorando cualquier otra cosa con miedo a caer victima de algún encanto. Cruzamos el salón completamente hasta las puertas de cristal que daban al inmenso patio que había al aire libre. Cientos de fogatas estaban encendidas en el patio, formando conos de fuego que iluminaban totalmente a quienes estaban a su alrededor. Las salamandras no dejaban de bailar alrededor de las fogatas y lanzarles más fuego mientras cantaban y reían.

_ Este es el festejo de las salamandras –dijo Zachary en mi oído- Es el mas fácil de sobrellevar, los demás son mucho peores.

_ No puedo imaginar como –dije

_ Las ninfas están en los ríos, tratando de ahogar a cualquiera que se acerque. Los dríades hacen que los árboles apresen a cualquier visitante y mejor no decirte lo que hacen los sílfides con los invitados –dijo él y sentí mi piel de gallina- Las salamandras no hacen algo que siempre resulta mortal.

_ Será un milagro si termino esta noche ilesa –dije

Me quede helada al ver como un joven saltaba sobre el fogón que teníamos delante y aterrizaba perfectamente del otro lado. Él se dio vuelta y nuestras miradas se cruzaron por un momento. Vi como el fuego iluminaba totalmente su negro antifaz y como las dos alas abiertas, símbolo del Consejo, estaba en plateado a un lado del antifaz. Me quede prendida de su mirada, viendo sus ojos grises como si no hubiera otra cosa.

Una salamandra rompió aquello, tomándome de la mano y tirando de mí. Mire casi de un modo desesperado a Zachary mientras la muchacha me arrastraba, casi suplicándole auxilio o aunque fuera la más mínima ayuda. Él no hizo nada más que hundirse de hombros y sonreírme de un modo burlón, lo maldije internamente. La salamandra me empujo de modo que termine delante del fogón. Todos alrededor sonreían y reían, gritando cosas que no lograba entender.

_ Tienes que saltar –dijo Zachary apareciendo en un instante a mi lado- Es aquello lo que quiere.

_ ¡Que! –exclame y él se hundió de hombros

_ Es la tradición –dijo él- Si las salamandras quieren que saltes, tendrás que saltar. El fuego purifica, y además, es una muestra de valor.

_ Por favor dime que estas bromeando –dije

_ ¿Crees que bromeo? –pregunto él sonriendo maliciosamente- Salta o los disgustaras. ¿Eres una caballera o no?

Suspire al no tener otra opción. Retrocedí dos pasos antes de tomar carrera y saltar el fogón. Fue un segundo de puro infierno mientras estuve suspendida en el aire sobre el fuego. Aterrice del otro lado, aun conservando el calor de las llamas. Los que estaban alrededor gritaron y exclamaron en modo de festejo. Dos salamandras aparecieron a mi lado y me levantaron, comenzando a bailar todos nuevamente alrededor del fuego. Grite y mire a Zachary rogándole ayuda pero él no hizo mas que reír y seguir observando aquello. Apreté los dientes y maldije al brujo enormemente en mi interior, me vengaría por esto algún día.

Luego de varios minutos en los que las salamandras solamente festejaron, cantando y bailando alrededor del fogón, finalmente me bajaron y suspire de alivio. Una muchacha se presento frente a mí y se quito su antifaz. Me quede helada al reconocer a Mecha pero ella pareció no percatarse de quien era yo. Sonrió, cerrando los ojos de un modo en que nunca antes la había visto sonreír, parecía demasiado dulce.

_ Has superado la prueba del fuego –dijo ella

Me entrego una piedra roja antes de darse vuelta y hacer señas para que la siguiéramos. Zachary no lo dudo, la siguió mientras ella partía exclamando de alegría y saltando. Las demás salamandras permanecieron inmóviles hasta que también seguí a Mecha y entonces volvieron a sus celebraciones. Dejamos el patio y sus fogatas completamente atrás, cruzando un gran pastizal. Mire a Mecha mas que asombrada pero ella no parecía darle importancia alguna a lo que la rodeaba.

_ ¿Acaso la conoces? –pregunto Zachary

_ Precisamente –dije

_ Ella esta en un estado de éxtasis por la cantidad de fuego y las celebraciones, no creo ni que siga cuerda –dijo él

_ ¿A dónde nos lleva? –pregunte

_ No tengo idea –dijo Zachary- Pero mejor no disgustar a las hadas. Tan solo espero que no sea nada malo lo que nos espera.

_ Acabo de saltar por encima de un fogón. ¿Qué podría ser peor? -dije

_ ¿Algo así? –pregunto él

Ambos nos detuvimos al ver que Mecha se había detenido también y se había dado vuelta. Ella ahora nos miraba, aquella sonrisa juguetona seguía grabada en su rostro. Rió una última vez antes de pasar a un lado nuestro y partir corriendo de nuevo hacia los fogones. La vi partir y luego volví mi vista al frente, quedándome congelada al ver el caudaloso río que había delante. Un camino de pequeñas y mojadas piedras que había sobre la superficie lo cruzaba pero aun así el agua no dejaba de correr salvajemente. El muchacho, el mismo que había visto en el fogón, acababa de terminar de saltar de la última piedra a la orilla sin el más mínimo problema. Nuestras miradas se volvieron a cruzar por un instante pero esta vez fue él quien rompió aquello antes de acomodarse la chaqueta y partir.

Una ninfa salió del agua, rebelando una piel completamente mojada y portando cientos de algas pegadas al cuerpo de modo que parecían un vestido. Ella me tomo de la mano y nuevamente me arrastro hasta dejarme en la orilla. Mire el feroz caudal que corría en el río, sintiendo como este ya me salpicaba los tobillos. Mire casi con temor las piedras que cruzaban el río, preguntándome como demonios había hecho el otro muchacho para cruzarlo.

_ Por favor dime que no es eso lo que tengo que hacer –dije

_ Creo que es eso lo que ellos quieren que hagas –dijo Zachary a mi lado

_ No tengo suerte –dije y él asintió

Mire a la ninfa, casi deseando que ella me dijera que no. Pero ella sonrió de un modo que casi parecía forzado y asintió. Las demás ninfas se acercaron a la superficie y sacaron apenas sus cabezas para poder verme. Sus ojos seguía perfectamente cada uno de mis movimientos, obligándome de algún modo a hacer lo que deseaban. Me acerque vacilante a la orilla.

_ Definitivamente, merezco algo luego de esto –dije

_ Si tengo ganas te comprare un helado cuando volvamos –dijo Zachary

Lo fulmine con la mirada una última vez antes de volver mi vista al río. Respire hondo y salte a la primera piedra. Volví a saltar a la segunda antes de perder el equilibrio. Bajo el agua, podía ver como las ninfas portando algas por ropas se paseaban por el fondo del río. La corriente era muy fuerte, el agua saltaba y me golpeaba los tobillos. Respire una última vez antes de saltar a la tercera piedra. Mi pie resbalo y por un segundo casi me caí. Logre recuperar el equilibrio y me quede quieta, maldiciendo las mojadas piedras que eran tan pequeñas y maldiciendo mis zapatos de taco. Salte a la cuarta piedra, tratando de no pensar en que si caía al agua probablemente la corriente me arrastraría y sería mi fin. Mire la orilla ya cerca y sonreí esperanzada. Salte a la quinta piedra y casi de un modo desesperado salte a la orilla.

Respire agitadamente mientras pequeñas gotas de agua corrían por mi cuerpo. Levante la vista, mirando a un Zachary en perfecto estado que no se había visto obligado a cruzar el río de ese modo. Apreté los dientes y lo volví a maldecir internamente. Las ninfas salieron del agua y se inclinaron elegantemente ante mí. Suspire, al menos aquello había sido mejor que lo que habían hecho las salamandras. Una ninfa se acerco a mí y se quito su antifaz, revelando ser la misma ninfa que daba las clases en Solcius y era la maestra de Lucy.

_ Has superado la prueba del agua –dijo ella

Me entrego también una piedra celeste y luego se dio vuelta, partiendo con un caminar perfecto. Zachary la siguió y las demás ninfas no dejaron de inclinarse ni volvieron al agua hasta que yo no partí con ellos también. Seguimos a la ninfa, introduciéndonos en el oscuro bosque. Hice una mueca, deseando que no me tocaran mas pruebas pero al parecer no tendría tanta suerte.

_ ¿Por qué yo tengo que hacer estas cosas y tú no? –me queje

_ Por que tu eres la guardiana del Sol y yo simplemente tu chaperón –dijo él- Aun así, me sorprende que un servidor del Consejo también este haciendo lo mismo que tu. Creí que a estas alturas, ya todos los servidores del Consejo habrían caído victimas de los encantos de las hadas y estas se estarían divirtiendo con ellos.

_ Pues quizás te equivocaste –dije

_ Realmente, me pregunto como es posible que siga consciente de sus actos y las hadas ya no hayan hecho cualquier cosa de él –dijo Zachary- A nosotros nos protege la hierba de San Juan, es por eso que las salamandras no han intentado quemarte ni las ninfas han intentado ahogarte.

_ ¡Que! –exclame horrorizada pero él me ignoro

_ Me pregunto que lo protege a él –dijo

_ ¿Hierba de San Juan? –pregunte

_ ¿Eso crees? –Pregunto curioso al mirarme- Los servidores no son tan hábiles ni tan inteligentes para eso, ni siquiera saben de la hierba de San Juan y es por eso que siempre terminan así cuando vienen a supervisar las fiestas de las hadas.

_ ¿Así como? –pregunte y él se detuvo

En ese mismo instante la ninfa se dio vuelta y nos sonrió una última vez antes de hacerse agua y desaparecer totalmente. Los dríades se asomaron a todo nuestro alrededor, mirándonos desde las penumbras. Uno se acerco hasta estar frente a nosotros y señalo sonriendo el frente. Mire incrédula el camino totalmente bloqueado por ramas llenas de espinas que tenia delante. Mire nuevamente al dríade que asentía sonriendo y no dejaba de señalar el camino.

_ Apuesto a que tendré que cruzar eso –dije

_ Precisamente –dijo Zachary y sonrió maliciosamente- Te veo al otro lado del bosque Katherin.

Suspire frustrada, odiando al brujo más que nada en este momento. Camine unos pasos y me adentre en el túnel totalmente repleto de espinas. Con mucho cuidado me agache y evadí la primer rama. Continué así, evadiendo cada rama con mucho cuidado, tratando de no cortarme con ninguna espina. Respire hondamente y cerré los ojos para calmarme. El camino parecía eterno, nunca terminaba. El avance era lento si debía evitar que las espinas me cortasen y lamentablemente el camino estaba lleno de ramas con espinas dispuestas a herirme. Me agache, me hice a un lado, al otro, salte. Maldije mil veces este maldito bosque antes de finalmente ver algo de luz y continuar deseosa de llegar al final.

Salí del espinado túnel y me limpie la poca tierra que había quedado en mis brazos. Zachary estaba nuevamente ahí sin el más mínimo cambio. Los demás dríades salieron del bosque y estuvieron a mí alrededor. Me quede quieta mientras ellos me tocaban totalmente, sacándome cualquier rastro de bosque que hubiera quedado en mí. Zachary detuvo rápidamente por la muñeca a uno cuando este intento quitarme la flor de hierba del San Juan del cabello y lo fulmino con la mirada. Luego de aquello, los demás dríades se retiraron. Uno apareció delante nuestro y puse los ojos en blanco al ya imaginarme quien podía ser. Jeremiah sonrió del mismo modo juguetón y forzado que las demás hadas luego de sacarse el antifaz.

_ Has superado la prueba de la tierra –dijo él

Otra vez me fue entregada una piedra, ahora de color verde. Jeremiah se dio vuelta y también partió corriendo. Ni me detuve a ver cual seria la reacción de los demás, directamente lo seguí junto con Zachary. Esto definitivamente se estaba poniendo cada vez peor. Fuego, agua, tierra... Solamente faltaba el aire y Zachary había dicho que mejor ni hablar sobre lo que los sílfides eran capaces de hacer. Casi fue un milagro para mí salir del bosque y estar nuevamente en un gran pastizal.

_ Ahora me debe tocar la prueba del aire. ¿No es así? –pregunte

_ Así es –dijo él

_ Lo mínimo que podrás hacer luego de esto es comprarme ese helado –dije

_ Yo nunca prometí anda, dije que si tenia ganas lo haría –dijo Zachary

_ Me han hecho saltar sobre fuego, cruzar el río más caudaloso que vi en mi vida saltando sobre diminutas piedras y con zapatos de tacón y me han hecho cruzar todo un camino de espinas en vestido –dije molesta y él rió- Lo mínimo que puedes hacer es comprarme ese helado.

_ Si te sigues quejando comprare un helado pero para mí –dijo él

_ Ojala se te vuelque o se te derrita –refunfuñe

_ Aquí empieza la cuarta prueba –dijo Zachary

Ambos nos detuvimos. Jeremiah se había dado vuelta y nos mostraba una gran sonrisa, él paso como un rayo a nuestro lado antes de volver a sumergirse en el bosque. Mire nuevamente al frente, viendo que el servidor del Consejo al parecer ya había cumplido con la cuarta prueba. Su espalda estaba desnuda, dos grandes y pálidas rayas la cruzaban ahí donde sus alas habían desaparecido y se iban desvaneciendo con los segundos. Él volvió a ponerse su camisa y se la abotono. Tomo su chaqueta del suelo y también se la puso. Se dio vuelta para partir y me miro tan solo un segundo de soslayo. Luego, simplemente, siguió con su camino de vuelta al palacio donde la celebración principal continuaba.

Un sílfides cayó del cielo y aterrizo perfectamente frente a nosotros. Él me tendió una mano, sonriendo e incitándome a tomarla. Fue cuestión de un segundo para que comprendiera de qué se trataba la cuarta prueba y casi me estremecí. Mire a Zachary pero él no hizo mas que asentir. El pánico me invadió por un segundo pero logre calmarme nuevamente.

_ Definitivamente, merezco ese helado –dije

_ Es tan solo la prueba del aire –dijo Zachary- Podrás hacerlo.

_ A diferencia de aquel servidor del Consejo, yo no soy un ángel normal ni tengo alas –dije y él rió

_ Con alas o no, esto es lo mismo –dijo él y sonrió- Te veo en tierra Kate.

Refunfuñe por lo bajo antes de dar un paso y acercarme al sílfides. Él no espero mas, me tomo por la cintura y me cargo sobre su hombro sin escrúpulo alguno. Sentí el viento golpearme fuertemente y vi como la tierra se alejaba de mi hasta ser casi diminuta. En cierto modo la sensación era fantástica, la hubiera disfrutado más de no ser por que la ley de la física decía que todo lo que subía tenía que bajar. Mire con horror la altura a la que nos encontrábamos, ya ni siquiera podía distinguir a Zachary. No quise ni pensar en cuantos cientos de metros me separaban del suelo. El sílfides siguió subiendo hasta sobrepasar las nubes y me ofreció una maravillosa vista del cielo nocturno totalmente estrellado. Mire como, por encima de las nubes, los demás sílfides reían, jugaban y festejaban mientras se dedicaban a volar. Entonces, el sílfides me soltó.

Por un segundo estuve suspendida en el aire, apreciando el asombroso cielo que se veía a esta altura y a la majestuosa luna rodeada de las estrellas. Luego, la gravedad hizo lo suyo y comencé a caer. Mi corazón se detuvo totalmente, el viento me golpeaba fuertemente mientras seguía cayendo. Quise tragar pero ni eso pude. Ahora eran el cielo, las estrellas, la luna y las nubes los que se alejaban de mí. Tendría que temer, sabia que mi sentido común me decía que debía estar horrorizada pero aun así no podía dejar de sonreír y reír al sentir como el viento jugaba conmigo. Sentí como la tierra se acercaba mas y mas a mi y me di vuelta, quedando de cara a la tierra.

_ Ventus –dije

El hechizo funciono a la perfección. Una suave corriente de aire me atrapo a un metro de la tierra y me permitió aterrizar perfectamente en pie mientras seguía riendo. Zachary me miro asombrado mientras yo aun seguía riendo. Los demás sílfides bajaron de las nubes y uno me levanto. Él me tiro por el aire hasta que el otro me atrapo y así continuaron pasándome como si yo no fuera más que un simple paquete al cual tirar por los aires. Continué riendo hasta que finalmente me dejaron nuevamente en tierra y un sílfides se detuvo frente a mí. Lo mire dedicándole una encantadora sonrisa y él también me sonrió. Él se quito el antifaz, rebelando que era el mismo hombre que siempre me atendía en el banco.

_ Has pasado la prueba del aire –dijo él

Él se inclino ante mí y me entrego una cuarta piedra transparente. Sonreí y reí ligeramente al obtener la cuarta piedra antes de hacer una reverencia ante el sílfides y partir seguida de Zachary. Mire las cuatro piedras sobre mis manos, cada una representando su elemento. Fuego, agua, tierra y aire. Había pasado las cuatro pruebas de los cuatro elementos. Suspire y se las di a Zachary para que las guardara.

_ Nada mal para ser tu –dijo él

_ Lo dice alguien que se limito a observar –dije

_ No es mi culpa que las hadas no hayan querido que yo también hiciese las pruebas –dijo él tranquilamente- Ya sabes que no se les puede negar nada a las hadas. Y yo soy solamente un chaperón, no me darán importancia alguna. La real invitada aquí eres tú. Tienes que verlo de ese modo Kat, tu eres la única que esta aquí presente por que realmente la invitaron.

_ Si, y quien sabe que tienen las hadas en mente para mi –dije- ¡Te puedo asegurar que hasta ahora no ha sido nada bueno!

_ Si sigues con esa actitud no te comprare ningún helado –dijo él

_ ¿Quién demonios te crees que eres? –Pregunte furiosa- No soy una mascota a la cual llevar de un lado para el otro, enseñarle nuevos trucos y luego recompensarla con algo comestible.

_ No me hagas desear ponerte una correa por que te juro que me esta tentando la idea –dijo él

_ Puedes tomar esa correa y ahorcarte –dije

_ No servirá de nada, créeme que ya lo he intentado varias veces –dijo él tranquilamente- Por mas que lo intente, no puedo matarme.

Me detuve un segundo, totalmente en blanco, mirando al brujo sin saber si estaba bromeando o diciendo una verdad. Me lleve una mano al pecho y tome mi collar, preguntándome si enserio Zachary deseaba acabar con su vida y no podía o simplemente era lo suficientemente frío e insensible como para bromear respecto a su muerte sin darle importancia alguna. Él se detuvo un segundo varios pasos adelanto mío, me miro tan solo un instante de soslayo y luego continuo. Mis piernas parecían clavadas a la tierra, no podía ser que él enserio desease matarse. ¿O si? ¿Zachary había dicho una verdad o enserio era capaz de bromear con su propia muerte?

Sacudí la cabeza repetidas veces. No, una persona normal no podía decir que ya había intentado varias veces suicidarse. Por mas insensible y frío que Zachary pudiera parecer, él no podía decir que enserio había intentado suicidarse, no era lógico. Volví casi corriendo hasta el palacio y subí las escaleras. No se veía al brujo por ninguna parte, no había el más mínimo rastro de él. ¡Maldito brujo que no me había esperado por que me había quedado atrás! Debería prestar más atención a sus palabras la próxima. Entre nuevamente al salón principal de las celebraciones sin ver rastro alguno del brujo.

Camine entre las cientos de parejas danzantes tratando de encontrar a Zachary sin resultado alguno. Evite con mucho cuidado no cruzarme en el camino de alguna pareja en su eterna danza mientras trataba además de no prestar atención a nada para no caer bajo ningún encanto. Era una tarea imposible tratar de buscar a Zachary y a la vez no fijarme lo suficiente en algo como para no caer bajo su encanto. Por donde mirase había tentación y una trampa dispuesta a atraparme. Me detuve, tapándome los oídos y cerrando fuertemente los ojos. No deseaba caer presa de alguna trampa, no deseaba que la melodía me atrapase, no deseaba que las hadas jugaran conmigo. Permanecí así por varios minutos, tratando de ignorar la melodía, tratando de no abrir los ojos por mas maravillosa que seria la vista de lo que pasaba a mi alrededor, tratando de que ningún tipo de encanto me atrapara.

Pero por más que lo intente, no sirvió de nada. Unas calidas manos estuvieron sobre las mías y se ocuparon de que no continuara tapándome los oídos. La melodía me invadió y se extendió por todo mí ser. Abrí los ojos y mire de un modo diferente a todo lo que me rodeaba. La melodía era preciosa, encantadora, tanto que me obligaba a bailarla. Todo lo que me rodeaba era hermoso, en cierto modo mágico, deseaba más que nada pertenecer a aquel cuadro del baile de las hadas que se abría delante de mí. El joven lamías que se había ocupado de destaparme los oídos se puso frente a mi y me tendió una mano. La acepte sin vacilación alguna, mirándolo a los ojos en cierto modo hipnotizada. Él sonrió al tomar mi mano y sin más preámbulos comenzó a bailar, guiándome en cada paso mientras yo seguía perdida en la melodía. Tarde me di cuenta de que había caído victima de un encanto y por mas que lo intente no pude liberarme. Mi cuerpo se movía por su propia voluntad y no por la mía, mi vista estaba perdida en mi acompañante, mis pies no dejaban de bailar.

Los minutos pasaron, el encantamiento solamente parecía intensificarse. Finalmente, el lamías se detuvo y ambos nos inclinamos dado terminado el baile. Casi desee que con eso también hubiera terminado el encantamiento pero no fue así. Nuevamente me encontré bailando con otro muchacho y me quede helada de darme cuenta que era el mismo servidor del Consejo que había visto anteriormente. ¿Qué? ¿Él también había caído victima de aquella hipnotizante melodía? Lo mire a los ojos por un segundo y pude confirmar que también había sido atrapado por el encantamiento. Pero con o sin encantamiento, no pude evitar continuar mirándolo a los ojos del mismo modo en que él me miraba. ¿Qué era lo que él tenia de diferente? ¿Por qué también había hecho aquellas pruebas?

Lo mire fijamente, tratando de descifrarlo. Claramente era un servidor del Consejo, su antifaz negro lo demostraba perfectamente al tener las dos alas en plateado a un lado. Su cabello era fino y color chocolate, su piel era pálida pero la sentía calida bajo mi guante, sus ojos eran de un profundo color gris. Lo mire fijamente, preguntándome que era lo que lo protegía de los encantamientos de las hadas. Reí internamente, tan bien no lo había protegido si después de todo también había caído en el encantamiento de la música. Hubiera hecho una mueca también de haber podido ya que yo también había caído en el encantamiento de la melodía pero mi cuerpo no reaccionaba. Tan solo bailaba con el suyo, sin poder dejar de mirarlo fijamente, sin poder hacer nada más que seguir sus pasos.

Ni me di cuenta el segundo en que me acerque más a él y pase mis brazos totalmente entorno a su cuello. Mi cuerpo actuaba por propia voluntad sin que yo pudiera hacer algo al respecto. Sabía que estaba mal, sabia que debía buscar algún modo de salir de este encantamiento y sin embargo mi mente también parecía estar en blanco mientras seguía perdida en su mirada. ¿Por qué? ¿Por qué me tenia que pasar esto justo a mi? Ya ni siquiera recordaba que estaba haciendo aquí, parecía como si no existiera nada más que la persona con la cual estaba bailando. ¡Malditas hadas que jugaban conmigo! Entonces mi mente se detuvo en seco. ¿Acaso esto era totalmente encantamiento de las hadas? Las hadas posiblemente estaban jugando con mi cuerpo pero temía que no con mi corazón que latía desaforadamente.

¡No! Necesitaba romper este encantamiento cuanto antes o seria quizás demasiado tarde. Pero por más intentos que hiciera, mi cuerpo no se movía por mi propia voluntad y no hacia nada más que seguir bailando como si fuera una marioneta. Pero lo sabia, estaba segura de que él también estaba en la misma situación que yo y estaba intentando también romper el encanto de la melodía. Por un segundo, algo parecido a la desesperación cruzo por sus ojos, confirmándome lo que yo pensaba. ¡Malditas hadas que no tenían nada mejor que hacer que jugar con sus invitados! Esto no estaba bien, no podían estar utilizándome a mí como marioneta y a él tampoco.

Él se acerco más a mí, puso una mano bajo mi barbilla y me levanto el rostro. Mi cuerpo sofoco un pequeño grito por más que lo que yo en realidad deseaba hacer era recuperar el control. Mis manos se movieron por voluntad propia y tomaron su rostro para acercarlo más a mí. Podía sentir su respiración sobre mi rostro y lo cerca que estaban sus labios. Vi mas allá de sus ojos, vi que él también estaba totalmente bajo el encanto de la música, vi que tampoco deseaba hacerlo pero ya no tenia voluntad alguna y su cuerpo se movía por si solo al igual que el mío. Maldije internamente mil veces a las hadas, esto no podía ser posible.

Una rápida cuchilla paso sobre nuestras cabezas, cortando el aire. Tome cuanto aire pude al recuperar el control de mi cuerpo y mire como unos hilos trasparentes habían caído al suelo. Me estremecí de darme cuenta hasta que punto había sido una marioneta, una real marioneta, controlada por hilos casi invisibles. Enseguida solté al muchacho y retrocedí un paso, aun espantada por el modo en que había sido controlada. Zachary estaba serio a un lado, sosteniendo mi daga y mirándome.

_ No sé para que me molesto en decirte lo que no debes hacer –dijo él- Te dije que no escucharas la música.

_ Lo siento –dije avergonzada- Gracias.

De un hábil movimiento él volvió a guardar mi daga en su chaqueta. Volví a mirar frente a mí y me quede sorprendida de que ya no hubiera nadie. Mire entre la multitud, tratando de encontrar al servidor del Consejo y apenas si logre verlo mientras se alejaba rápidamente. Rápidamente, se perdió entre la multitud y no lo pude ver mas. Me sentí por un segundo mal por él, también había caído bajo el encanto de la melodía y sabia lo que era ser una marioneta.

_ No te vuelvas a separar de mí –dijo Zachary

_ Si tu no te hubieras ido y me hubieras dejado atrás, no habría tenido que pasar por esto –dije molesta, mirándolo

_ Tienes suerte de que haya aparecido –dijo él- Y de que ese escarbadientes tuyo haya servido para romper el encantamiento.

_ Al menos eso explica por que no encontraba mi daga desde hace días –dije- ¡Maldito brujo, la robaste!

_ Me gusta pensar que la tome cuando no la necesitabas –dijo él tranquilamente- Ahora sígueme, la reina de las hadas a solicitado tu presencia.

2 Responses to “Capitulo 23: La noche de San Juan”

  1. catherina says:

    En serio que esto es la bomba....me encanta...ufff y odio a zachary es muy encreido....bufff...me sa de mis casillas...pero da igual ...pues me encanta la historia...pues ANIMO con el proximo capitulo...adios...BESOS...

  2. me encanto esta historia
    la ameee
    espero que sigas pronto (:

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