Capitulo 14: Mañana diferente

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Me desperté antes del amanecer. La habitación de Alex aun estaba a oscuras y yo seguía sonriendo dulcemente tal cual como me había dormido. Y de hecho, era imposible que dejara de sonreír. Aun estaba sobre él, con mi frente pegada a la suya y su nariz tocando la punta de la mía. Sentía los dedos de mis pies enredarse con la tela del pantalón de su pijama y juguetear con eso. Moví mi mano apenas de su pecho y la deje caer sobre su ala, tocando sus magnificas plumas y sonriendo. Me gustaba verlo dormir, ver su rostro totalmente en paz y notar lo tranquilo que estaba. Dejaba cualquier preocupación y deber de lado. Sus brazos aun seguían abrazándome y entonces se movió, tomando mi mano y abriendo apenas los ojos.

_ Buenos días –dije sonriendo y él me devolvió la sonrisa

_ Aun no es de día –dijo

_ Será el amanecer en unos minutos, es casi lo mismo –dije y él junto sus labios dulcemente con los míos

_ Gracias –susurro y me volvió a besar aun con mas dulzura- Por todo.

_ ¿Y que sucedió con todo eso que habías dicho del autocontrol? –pregunte sonriendo y él también sonrió

_ Esa regla solo se aplica en el baño –dijo y reí dulcemente

Me deje caer sobre su pecho y suspire mientras seguía acariciando sus plumas. Adoraba ver sus perfectas alas de un blanco que hasta parecía brillar por si mismo. Él me abrazo nuevamente, acariciando mi espalda y sonreí. No me había quedado dormida más que con eso, mi ropa interior y una camiseta. Y aun así, este era el amanecer más dulce que había tenido.

_ Sabes una cosa, a veces me pregunto si fue coincidencia que te conociera o simplemente fue por algo mas –dijo él y me estremecí ligeramente- Es increíble, al fin una noche que pude dormir tranquilo.

_ ¿Por qué? –pregunte y él suspiro

_ No he podido dormir últimamente –dijo Alex

_ ¿Hace cuantas noches no duermes? –pregunte

_ Bastantes. Pero, realmente, ni lo noto. Sabes que me es opcional dormir o no –dijo él- Eso es lo bueno de ser un ángel. Nunca estaré cansado y nunca me será necesario descansar o dormir.

_ ¿Y por que no duermes ahora? –pregunte

_ Tengo pesadillas –dijo él y de pronto lo sentí totalmente frío- Es extraño y lo peor es que despierto teniendo las mismas heridas que me hice en las pesadillas.

Él tomo mi mano y se estremeció. Me quede sin aire. Al menos ya sabia donde había estado el encapuchado al no estar en mis sueños. Eso lo explicaba todo. De algún modo me sentí responsable por ello y sostuve con ambas manos la mano de Alex. Necesitaba encontrar el método de que el encapuchado dejara de torturarlo en sus sueños, no me importaba si para él no era necesario dormir. Prefería que el encapuchado nuevamente estuviera en mis sueños con su eterno tic toc antes de que estuviera en los de él, hiriéndole.

_ ¿Hace cuanto es eso? –pregunte

_ Desde que me lo cruce esa tarde en el pasillo de la escuela, el día que nos ataco a todos –dijo Alex y tomo mas fuertemente mi mano- Esa vez me dijo que yo era un traidor, que no debería seguir vivo. Y cuando estoy dormido es lo mismo. Me habla en sueños, me tortura con sus palabras. Y cuando finalmente no logro soportarlo mas y lo ataco, él logra vencerme en menos de un segundo y entonces despierto guardando las mismas heridas que me hice en el sueño.

_ Se lo que se siente –dije y suspire- Hagas lo que hagas no permitas que te mate en un sueño o te matara realmente. Debes despertar si él te ataca.

_ No planea matarme, no en un sueño –dijo él- Me dijo que no me mataría en sueños, que deseaba hacerlo personalmente cuando llegara el momento pero no me importa lo que me diga.

_ Al menos, la próxima vez que lo veas frente a frente recuerda esto, yo no permitiré que te haga algo malo y no dejare que te mate –dije y él sonrió- Es una promesa y sabes que yo tarde o temprano cumplo con lo que prometo.

_ Mientras a ti no te haga daño no me importa lo que pueda hacerme a mi –dijo Alex sonriendo y me acaricio la mejilla- Entiéndelo, al menos en este momento eres lo mas importante para mi y lo único en lo que puedo pensar. No me importa si cuando te vayas el encapuchado aparece y me mata.

_ Por favor no tientes a la suerte –dije casi de un modo suplicante y él sonrió, besándome tiernamente

_ No tienes que temer, no dejare que me mate solo para volver a estar contigo –dijo Alex y sonreí

_ Si dejas que él te haga algo, primero mato al encapuchado y luego a ti por tonto –dije aun sonriendo contra sus labios- Por otra parte, siento que estaré castigada el resto de mi vida si mis padres alguna vez se enteran de lo que hice. Ya bastante furiosos debieron de estar cuando seguramente se enteraron que fui cómplice de Diana.

_ Tengo el presentimiento de que saldrás ilesa de esta –dijo él- Pero no estoy tan seguro de mi. Mis padres podrían llegar en cualquier momento, no se que toman ellos por la mañana.

_ Entonces no tentemos más a la suerte –dije y casi de un salto me levante

Me puse en pie, sintiendo la suave alfombra que cubría todo el suelo bajo mis pies. Alex también se levanto pero permaneció sentado sobre la cama. Los primeros rayos de sol ya invadían toda la habitación y la luz estaba por todas partes. Me quite la camiseta, quedándome tan solo en ropa interior. Me agache para recoger una camisa blanca y me la puse. Casi al instante Alex se echo a reír viendo que esta no era mi camisa y que me quedaba notablemente grande, llegándome hasta las piernas.

_ Eso es mío –dijo Alex y reí también

_ No es mi culpa que tengas tirada la ropa de hace una semana –dije

_ Una semana no. Cuatro días –me corrigió él con total dignidad y ambos nos echamos a reír

_ Está bien, cuatro días –dije y me quite la camisa, se la lance- Ten.

Él dejo la camisa hecha un bollo a un lado y no le dio importancia. Continué caminando por su habitación, tratando de encontrar algo en el desastre que era todo. Y aun así, simplemente sonreía, no podía hacer otra cosa. Me sentía extremadamente feliz. Mire dos veces lo que parecía ser mi pantalón, tirado en el suelo a los pies de la cama y lo recogí viendo que estaba en lo correcto.

_ Si te interesa, creo que tu camisa quedo tirada en el pasillo –dijo Alex una vez que termine de ponerme el pantalón

_ Eso es bueno, hubiera estado una eternidad aquí buscándola –dije

_ Es un desastre organizado –dijo él- Puedo encontrar cualquier cosa que busque por que conozco a la perfección el desorden de mi cuarto. En cambio, si todo estuviera ordenado, te puedo asegurar que no encontraría nada.

_ Ya te ha pasado. ¿No es así? –pregunte y él asintió

_ Estuve cinco horas buscando una cazadora por que a mi mamá se le ocurrió ordenar mi habitación –dijo Alex

_ Esta bien, acepto que es un desastre organizado –dije- Aun así sigue siendo un desorden terrible.

_ Por que no has visto el cuarto de Miguel –dijo Alex y sonrió- Él me gana en cuanto a desastre.

_ Lo estoy dudando –dije fingiendo duda

Alex se acerco a mí y me tomo de la cintura, jalando hasta que caí sobre él y reí. Él me acaricio la cara, pasándome una mano por la mejilla y luego sentí como sus dos manos recorrían mi espalda. Su tacto era calido contra la baja temperatura de mi piel y extremadamente suave. Tome su rostro entre mis manos y lo bese tan solo una vez, disfrutando del dulce sabor de sus labios contra los míos. Sonreí al soltarlo y gire, dejando de estar encima de él. Me senté cruzada de piernas sobre la cama y casi al instante él se sentó también. Sentí sus manos deslizarse por mi vientre y abrazarme. Alex suspiro y apoyo su cabeza sobre mi hombro.

_ Te amo –dijo con sus labios rozando mi oído- ¿Te lo dije?

_ Cientos de veces anoche –respondí y gire mi rostro, mirándolo- Y yo también te amo.

_ Ya te escuche ayer, lo repetiste cientos de veces –susurro él y me abrazo mas como si no quisiera soltarme- Y aun así, siento como si cada vez que me lo dijeras fuera la primera vez. Y yo no me canso de repetírtelo. Te amo, te amo, te amo. Y me gusta ver como sonríes cada vez que te lo digo. Eres lo más bello que tengo.

_ Y tu eres mi luz, no se que hubiera sido de mi si no te encontraba –dije- No quiero imaginar que seria de mi vida ahora si nunca me hubiera cruzado contigo. Eres como mi ángel de la guarda, siempre protegiéndome y cuidando de mí.

_ Y tu a veces eres bastante ingenua –dijo él- Enserio, a veces me cuesta creer que eres la misma persona que fue capaz de entrar al Bella Vista y huir de ahí y también de enfrentarse a la mano derecha de Lucifer. Sin contar como te has enfrentado con tu hermana.

Él se movió apenas y comenzó a besar la piel de mi cuello. Suspire ante el placer que me producía el contacto de sus labios con mi piel y cerré los ojos, poniendo la cabeza de lado para que le resultara más fácil. Sus manos dejaron de estar quietas y comenzaron a recorrer toda mi silueta, acariciando mi suave piel y haciendo hasta que me olvidara de respirar. No, no era justo que él pudiera vencerme tan fácil en este tipo de cosas y yo no quisiera más que dejarme hacer. Pero sus caricias era algo que no me podía resistir. Desde ya el simple rozar de sus dedos con mi piel podía totalmente conmigo. Respire hondamente al sentir como él dejaba de besar mi piel y entonces apoyo su frente contra mi hombro.

_ Diles que si –susurro

Casi al instante sentí sus labios besar la marca que tenia en mi omoplato derecho y una corriente eléctrica me recorrió toda la columna vertebral. Él toco apenas con sus dedos esa marca y como siempre sus dedos me quemaron terriblemente, pero eso era por que aquella marca siempre estaba helada. Y lo cierto era que la había tenido desde que había recomenzado mi vida. No era más que un sol, muy parecido al símbolo de Solcius con sus rayos zigzagueantes. Pero donde el símbolo de Solcius normalmente tenía una gema o estaba vacío, este sol tenia encerrada una medialuna. Y no era más que eso, una marca que tenía en aquella parte de la espalda en un tono más oscuro de modo que contrastaba con mi piel color crema.

_ ¿Qué cosa? –pregunte

_ Diles que si –dijo y volví a sentir como sus labios besaban aquella marca- Que acepto ir a hablar con ellos.

No supe que responder exactamente ante aquello. Sabía a que se refería pero no lo había esperado. Finalmente él me soltó y gire mi rostro para verlo más que sin palabras. Pero Alex ya estaba resuelto y decidido, y sabía que cuando él se decidía a algo no había vuelta atrás.

_ ¿Estas seguro de lo que estas diciendo? –pregunte y él asintió

_ Lo estuve pensando y ya me decidí. No estoy diciendo que acepte nada pero simplemente acepto ir a hablar con tu superior, el director, quien sea que este a cargo y deseaba verme –dijo él- No pierdo nada con ir a hablar.

_ Esta bien, yo te llevare si eso es lo que quieres –dije aun sin lograr asimilarlo por completo- De un modo u otro tenia que ir el día de hoy.

Me puse en pie y logre encontrar mis medias junto con mis zapatos. Alex finalmente se levanto de la cama y se cambio, poniéndose unos jeans, una playera y una cazadora. Suspire aun sin comprender exactamente que iba a hacer y salí de la habitación. Encontré mi camisa en el pasillo tal como había dicho Alex y rápidamente me la puse. Termine de abrochar los botones ya estando abajo y él me miro inquisitivamente una vez que termine. No quise devolverle la mirada, no estaba segura de lo que iba a hacer. Pero no le podía decir que no, él me lo había pedido por más que a mi no me gustara mucho la idea. Camine tan solo unos pasos para tomar mi collar del lugar en donde Alex lo había dejado la noche anterior y corrí mi cabello para poder ponérmelo.

_ Que conste que fue tu decisión –dije y escuche el clic de la cadenilla cuando se engancho- Yo no te obligue ni nada, fuiste tu solo él que eligió y me pidió que te llevara.

_ Lo haces parecer como si no estuvieras de acuerdo –dijo Alex, suspire y lo mire seriamente

_ No estoy segura de lo que va a pasar. ¿Está bien? Algunos de mis compañeros aun siguen considerando a la familia Engel como una familia de traidores y por mas que fue el director quien dio la orden y con apoyo de su superior, no se como reaccionaran los que están en contra –dije- Aun así, mientras estés conmigo no te pasara nada, eso si puedo asegurarte.

Y claro, si el superior del director era Caroline Chevalier más conocida para mí como mamá, no había nadie que fuera capaz de desafiar aquella decisión. Y además, en cierto modo, yo también tenía más autoridad que el mismo director ahí por ser quien era. Quizás... con un poco de suerte... no habría problemas. Después de todo, se suponía que la única persona que me pasaba en autoridad en Solcius era mi mamá. Y aun así, el riesgo estaba ahí, de meter a una persona que era el hijo de quien, algunos, consideraban un traidor.

_ Sé a donde te estoy pidiendo que me lleves y estoy al tanto de que algunos de tus compañeros me ven solamente como el hijo de dos traidores –dijo Alex- Tu amigo ya me dejo mas que en claro eso.

_ Hay peores y Martin Mollet tenia ganas de una revancha –dije- Si te separas de mi te meterás en problemas.

_ Casi lo haces parecer como si me fueran a matar –dijo él

_ Alex, entiéndelo, todos los seres que hay ahí odian al Consejo y el hecho de quien eres no ayuda mucho –dije- Yo te llevo, pero debes hacer cada cosa que te diga o terminaras mal.

_ Esta bien –dijo y levanto la mano- Yo, Alexander Engel, juro cumplir cada una de las indicaciones de Katherin mientras este en las instalaciones de Solcius. De no cumplir, que se me caigan todas las plumas y tenga que comer tomate.

No pude hacer más que reír ante su tonto juramento y él me sonrió. Tome su emblema de la mesa y se lo lance. Alex lo atajo hábilmente en el aire y también se lo puso, ocultando las dos alas abiertas bajo su playera. No serviría de nada, él era idéntico a su padre y todos podrían identificarlo y saber que servia al Consejo sin ningún problema. Aun así una sonrisa se dibujo en mi rostro, si él permanecía conmigo y hacia todo lo que yo le dijera se suponía que no había nada que pudiera pasarle.

_ Sabes una cosa, eres un tonto –dije y mi sonrisa se ensancho- Pero aun así siempre logras hacerme sonreír sin importar la situación.

_ Ojala puedas seguir sonriendo de ese modo –dijo él y suspiro, apoyándose contra una pared- Por que estoy sintiendo la presencia de mis padres lo que quiere decir que ya llegaron. Tan solo, mira al cuadro que esta frente a mí y sígueme la corriente si no quieres delatar lo que sucedió en realidad.

Asentí obedientemente y luego mire el cuadro que él decía. Lo mire con detenimiento, poniendo apenas la cabeza de lado y fingiendo como si lo venia haciendo desde hacia rato. Agudice mi oído y pude escuchar las pisadas afuera y un leve murmullo de lo que era la conversación llego hasta mis oídos. Busque en mis bolsillos hasta dar con un par de guantes y rápidamente me los puse. ¿Estaba temiendo, yo? Bueno, en cierto modo se suponía que yo no debía estar aquí y no sabia como reaccionarían sus padres ante ese hecho.

_ Ese es el cuadro favorito de mi papá, no se por que será –dijo Alex tranquilamente como si viniera hablando desde hacia rato en el instante en que sus padres entraron- Dice que le recuerda a otras épocas cuando era mas feliz.

_ Es hermoso –dije con la vista perdida en los campos de trigo que había pintados- ¿Quién lo pinto?

_ Mi mamá. Ella es una artista en su tiempo libre, le gusta mucho pintar pero últimamente no esta teniendo tanto tiempo –continuó él

_ Eeeh, buenos días –dijo una mujer, dudando al verme

La mire con curiosidad durante un segundo y luego le sonreí educadamente. Soledad era realmente hermosa. Tenía el cabello rubio oscuro que le caía mas allá de sus hombros formando grandes ondas y unos amables ojos color caramelo. Ella continuo vacilante ante mi presencia, parada en la mitad de la sala. Detrás de ella estaba un hombre, el mismo que había visto hacia unos días y ahora que lo podía ver perfectamente de frente me daba cuenta que no me había equivocado. Michael era exactamente igual a su hijo, con los mismos ojos y el mismo cabello solo que este si estaba peinado. Él también se detuvo, mirándome con una expresión estupefacta en el rostro y entonces baje la vista temiendo que alguno de ellos reconociera mis ojos.

_ ¿Quién es ella? –pregunto finalmente Michael

_ Ella es Kat, salí temprano y la encontré en las calles de New York. Íbamos a salir a desayunar pero olvide mi billetera en casa y le pedí si podía acompañarme a buscarla. Le estaba enseñando la sala –dijo Alex aun guardando su cómoda postura contra la pared- Ella es mi novia.

_ Pues entonces es un placer conocerte –dijo Michael poniéndose frente a mí y estrechándome la mano- ¿Tu nombre?

_ Katherin... –dude si continuar o no ¿Qué se suponía que debía decirle?

_ Strega –concluyo Alex y Michael se alejo de mi de un paso

_ Su collar –dijo Soledad con la vista perdida en mi emblema- Es una de ellos.

_ ¿Qué? ¿Estas bromeando? –Pregunto Michael y miro molesto a su hijo- Tienes cinco minutos para explicarte. ¿Tienes idea de quien es ella? Por empezar... ¡Es una bruja! Y no cualquier bruja por cual dices que es su apellido. Además de que es una servidora de Solcius.

_ Estoy consciente de todo ello –dijo Alex conservando su calma y se puso en pie- Pero me salvo la vida y protegió mi alma en mas de una ocasión. ¿Sabes que he sufrido una marca maldita y he sobrevivido? Es gracias a ella. Es buena y es la persona que amo, no se si seguiría vivo de no ser por ella.

_ Pero... tiene orden de muerte –dijo Soledad- El Consejo te encargo aquella misión a ti.

_ Ahora entiendo por que decías que no podrías cumplirla –dijo Michael- ¿Con que excusa te fías de ella?

_ Me dio el arma y me dijo que la matara con tal de que yo no volviera a caer en juicio en el Consejo –dijo Alex y miro seriamente a su papá- Fui yo quien me negué a dispararle.

_ Un arma no mata a una bruja –dijo Michael

_ Esa arma si era capaz de matarme a mí –dije y lo mire- La bala que tenia en su interior esta diseñada para ser capaz de matar a alguien como yo. Existen tan solo tres armas como esas y una me fue confiada a mí.

_ No entiendo como el director le dio un arma así a una niña –dijo Michael y me miro, cruzándose de brazos- Estoy seguro de que Adam Pells no seria capaz de autorizar algo así.

_ Hay alguien mas arriba que Adam Pells, eso usted debería saberlo –dije- La autorización y la orden vinieron de mas arriba.

_ Además de que la orden que me dieron a mí de matarla no es real –dijo Alex- La mano izquierda de Lucifer anda manipulando el Consejo y es por eso que ella tiene pedido de muerte y la misión fue dada específicamente a mi. En otras palabras esto no es más que otra de las múltiples jugadas de la mano izquierda de Lucifer por conseguir lo que quiere.

_ ¿Y que es lo que quieres? –pregunto Soledad

_ Planea liberar a Lucifer –dije- Pero para eso necesita los diez objetos, cinco de los cuales están perdidos. Además de que necesita sangre para liberar a Lucifer.

_ La sangre del mejor ángel y del mejor brujo de esta generación –dijo Alex- Y también dijo que necesitaba la sangre del caballero y del brujo.

Soledad se quedo helada ante ese comentario y se tambaleo. Enseguida Michael la sostuvo para que ella no se cayera pero aun así ambos estaban notablemente pálidos. No podía negarlo, yo también lo estaba y mire más que sorprendida a Alex y a la vez preocupada por que podría saber. Él debía saber algo, estaba segura. El encapuchado no habría desperdiciado su tiempo cuando hablaba con él y ahora sabia de que también se necesitaba la sangre del caballero y del brujo, mi sangre.

_ Chevalier... –dijo Michael y Soledad se puso en pie, mirándome seriamente

_ ¿Qué sabes tu de Caroline? –pregunto y me paralice

_ Nada –mentí- No se ni de quien me están hablando.

_ Tu padre es Adrian Strega. ¿No es así? –Pregunto Michael- No puedes no saber nada de ella si él es tu padre. ¿Qué sabes de ella?

_ ¿Caroline Chevalier? –pregunto Alex con curiosidad

_ No se nada –repetí- No tengo acceso a ese tipo de información en Solcius. Si desea saber pregúntele al director o a su superior.

_ Está bien, te creo –dijo Michael y suspiro, mirando a un lado- Pero aun así me provocas muchas preguntas. ¿Por empezar, que haces tu aquí?

_ Salí temprano de mi casa, necesito comprar un vestido para Navidad. Estaba caminando por las calles cuando me cruce con Alex y él me invito a desayunar. Aunque se había olvidado su billetera aquí y me pregunto si podía acompañarlo a buscarla. Le dije que si. Me estaba mostrando la sala cuando ustedes dos llegaron –dije poniendo mi mejor cara de inocente y luego mire a Soledad- Por cierto, pinta muy bien.

_ Gracias. No tienes por que tratarme de usted Katherin, no hay problema –dijo Soledad y me sonrió amablemente

_ Esta bien –dije devolviéndole la sonrisa

_ Entonces todo esta perfecto y yo ya encontré mi billetera, nos vamos –dijo Alex y Michael lo detuvo

_ ¿Dónde estaba tu billetera? –pregunto él y Alex hizo una mueca

_ Debajo de un libro de filosofía que había en mi escritorio, justo al lado de un zapato –dijo Alex y Michael suspiro, negando con su cabeza

_ No puedo creer el desorden que tienes en ese cuarto –dijo él- Vete ahora, sal con ella, pero vuelves y ordenas todo. Quiero ver algo de orden en esa habitación o te quito tu espada.

_ ¿Qué? –exclamo Alex indignado y Michael sonrió

_ Sal y disfruta. Pero hablo enserio, vuelves y ordenas todo –dijo él

_ ¿Mamá, y tu paciente? –pregunto Alex rápidamente para cambiar de tema

_ Elliot se recupero –dijo ella tristemente y clavando la vista a un lado

_ ¿Qué sucede? ¿Eso no es bueno? –pregunto Alex confundido

_ No del modo en que lo hizo –dijo Michael y miro seriamente a su esposa- Rompió la ley del Consejo, interfirió en su salud.

_ Era un niño de ocho años, no lo podía dejar morir –dijo ella- La madre estaba desesperada, me pidió que hiciera cualquier cosa para salvarlo.

_ No veo el problema, las leyes están hechas para romperse –dijo Alex y le sonrió a su mamá- Hiciste lo que considerabas correcto, no debes sentirte mal por ello.

_ Tienes razón –dijo Soledad y sonrió a pesar de su tristeza

Alex le devolvió la sonrisa y luego paso un brazo por mi espalda. Baje la vista al pasar junto a ellos dos para evitar que vieran mis ojos y me reconocieran. Casi suspire de alivio una vez que estuvimos afuera de no ser que podría haberme delatado por haberlo hecho. Listo, no había dicho nada sobre Caroline Chevalier ni sobre lo que no debiera hablar. Aun así, sentí la culpa dentro de mí por ocultarle aquella información a Alex. Pero él también sabía algo y no me lo había dicho.

_ ¿Qué era aquello de la sangre el caballero y la sangre del brujo? –pregunte haciéndome la confundida

_ El encapuchado en un sueño me dijo que no necesitaba solamente la sangre del mejor brujo y del mejor ángel, que también necesitaba la sangre del caballero y del brujo –dijo Alex- Realmente no entiendo mucho a que se refería con aquello. ¿A dónde vamos?

_ Al mercado negro, no puedo llevarte directamente –dije

Logre hacer el hechizo de transporte sin problema y en un segundo ya nos encontrábamos en la zona empresarial del mercado negro. A diferencia de Alex, yo si sabia a que se refería el encapuchado con la sangre del caballero y la sangre del brujo. No se refería a personas sino que a apellidos, Chevalier y Strega. Casi me estremecí de saber que se refería a mi sangre y que me quería a mí. El centro empresarial del mercado negro siempre parecía monótono, todo gris y lleno de gente con trajes.

_ Jamás había estado por esta zona en el mercado negro –dijo Alex- ¿Qué es exactamente?

_ Son todas oficinas y empresas, no se de que –dije e hice una mueca- Pero todos siempre están vestidos de traje y nosotros llamamos la atención al estar vestidos normalmente. Realmente es incomodo.

_ No entiendo por que le das tanta importancia –dijo él tranquilamente

_ Odio llamar la atención –dije y suspire- Y parece ser que es algo que no puedo evitar.

_ Simplemente no le des importancia y listo –dijo Alex y me miro con curiosidad- ¿Por cierto, que hacemos aquí?

_ Te dije que no te podía meter directamente, por aquí esta la única forma de llegar a Solcius que no es mediante un hechizo –dije

Él aun así continuo caminando a un lado mío, mirándome con curiosidad. Continuamos por la calle del comerciante hasta llegar a la calle del empresario. Caminamos un par de metros más y pude divisar la figura de Jeb, siempre fiel en su puesto de trabajo. Me detuve con una mueca frente a su mesa al ver como él examinaba de pies a cabeza a Alex. El guardia se puso en pie y se llevo una mano a la mandíbula, meditándolo y Alex se quedo tieso y firme.

_ Señorita, necesito una explicación –dijo Jeb, ya captando que no debía decir el apellido por el cual me conocía ante este desconocido- ¿Con que permiso y autorización hace usted esto?

_ Permiso y autorización de los superiores –dije- Él es el hijo de M.E. ¿Recuerdas que el director deseaba hablar con él?

_ Si, ya lo recuerdo –dijo Jeb- Supongo que si el director lo autorizo puede pasar además de que supongo que esta bajo su cargo.

_ Así es Jeb –dije y sonreí

_ Puede pasar pero me veré obligado de pedir que me entregue todas sus armas –dijo Jeb

_ ¿Es necesario? –pregunte y Jeb asintió solemnemente

_ Discúlpeme señorita pero es el reglamento interno, no puedo romperlo ni por usted –dijo él

_ Pero no tengo nada –dijo Alex y Jeb lo miro seriamente- Esta bien pero no tiene por que desconfiar tanto de mi.

_ Escúchame muchacho este es mi trabajo y tu no eres precisamente alguien de quien se pueda confiar –dijo Jeb desafiante

_ Jeb, Alex esta bajo mi cargo, todo esta bien –dije y le dedique una encantadora sonrisa

_ Como usted diga Katherin –dijo él y me devolvió una amable sonrisa- Pero aun así deberé pedirle a su acompañante que se desarme.

Alex suspiro frustrado y comenzó a buscar en los bolsillos internos de su chaqueta. Dejo sobre la mesa de Jeb cinco cuchillos, dos shurikens, unas tijeras, cuatro dardos y lo que parecía ser la punta de una flecha. Lo mire sin palabras durante unos segundos mientras él dejaba su chaqueta y comenzaba a buscar en los bolsillos de su pantalón. Saco una navaja y una especia de cable de acero enrollado. Jeb tomo un bolso negro de debajo de su mesa y metió todo dentro, mirando a Alex seriamente y asegurándose de que no hubiera pasado nada por alto.

_ ¿Algo mas? –pregunto Jeb

_ Creo que es todo –dijo Alex y Jeb lo miro seriamente

_ Intenta algo muchacho y te aseguro que quedaras muerto en menos de tres segundos –dijo él y me miro, cambiando su expresión de hostil a amable- Señorita, tenga cuidado estando en su compañía.

_ ¿Te parece que él podría vencerme Jeb? –pregunte sonriendo y él me devolvió la sonrisa

_ No, no lo creo –dijo el guardia y volvió a guardar el bolso debajo de su mesa- Tan solo, que luego pase por aquí y le devuelvo sus cosas. Parece que me entrego todas sus armas aunque si fuera por mi ni lo dejaría pasar.

_ Tranquilo Jeb, yo me ocupare de que se porte bien –dije y lo mire con curiosidad- Por cierto... ¿Alguna novedad?

_ Ninguna, de hecho, Jude y Sam acaban de entrar hace minutos. Por otra parte, su madre paso por aquí esta mañana y parecía bastante seria –dijo Jeb y casi me estremecí- ¿Se metió en problemas señorita?

_ Eso creo –dije- ¿Has notado algo molesta a mi mamá?

_ Supongo que si, parecía molesta por algo. No se como estará ahora, fue hace dos horas que paso por aquí –dijo Jeb e hice una mueca

_ Que algo me ayude o me matara –dije

_ Tranquila señorita, recuerde quien es –dijo Jeb y me sonrió- Le deseo una feliz estadía y espero verla a la tarde cuando salga.

_ Si sigo viva será un placer pasar a saludarte –dije y él miro seriamente a Alex

_ Haz algo que no debas y te matare –dijo el guardia y sonrió con suficiencia- Aun así, no hay modo de que salgas por tu cuenta.

Alex se quedo duro y Jeb sonrió ante su victoria. El guardia volvió a sentarse en su puesto de trabajo y suspire. Ya la veía venir esta y también que mi mamá posiblemente estaría molesta. Hice una mueca sabiendo lo que me esperaba y entre, seguida de Alex. Trate de recordar cual era el código del transportador mientras cruzábamos la gran y fría recepción con forma circular. Mire a Alex de soslayo y de pronto me pareció extremadamente serio, casi me estremecí.

_ Mentiste –dijo él y me sobresalte

_ ¿Qué? –pregunte preocupada y él me miro

_ Haces parecer que no eres más que un simple miembro de Solcius pero por el trato que te tuvo el guardia puedo decir que no es así –dijo él- Tu no eres una servidora mas. ¿No es así?

_ Es solamente por que mi papá es el brujo mas poderoso que existe –dije fingiendo indiferencia y él pareció creerme

_ Eso explica bastante –dijo Alex y dejo su seriedad de lado siendo reemplaza por la molestia- No es justo que me haya hecho dejar todas mis cosas.

_ Te las devolverá cuando salgas –dije sonriendo

_ No se quien se cree ese anciano para hacer que le dejara todo. ¿Enserio el único guardia que custodia es ese viejo? –pregunto Alex y no pude evitar reír

_ No te burles de Jeb, te puede descuartizar en tres segundos –dije y Alex me miro sorprendido

_ ¿Enserio? –Pregunto y asentí- ¿Ya lo ha hecho?

_ No fue descuartizar en realidad –dije e hice una mueca- Fue mas bien destripar. Me mostraron las grabaciones pero fue hace años aquello. Tenemos una seguridad inquebrantable y Jeb tiene razón cuando te dijo que la única forma de salir es por aquí. Claro, si es que logras encontrar la salida.

_ Sigues el corredor hasta la salida –dijo Alex sencillamente y reí

_ Tonto, aun no hemos llegado –dije y él me miro atónito- ¿Crees que aquí es Solcius? Estas equivocado, esto no es mas que una recepción que compartimos con varias otras oficinas y empresas. Tendremos que usar el transportador.

_ Yo solo te sigo, no se ni en donde me estas metiendo –dijo Alex cruzando sus brazos detrás de su cabeza y sonrió- De hecho, hasta podrías estar llevándome directo a una trampa o una emboscada con quien sabe que motivos y yo como un tonto te estoy siguiendo.

_ Tranquilo, no te estoy llevando a ninguna trampa ni nada –dije y le sonreí- Jamás seria capaz de utilizarte. Ya se los he dicho varias veces, mi lealtad, antes que a ellos es a ti. Así que si todo esto no es más que una trampa y me están utilizando a mi, cuenta con que estaré de tu lado.

_ Gracias –dijo Alex

Mi sonrisa solo se ensancho y finalmente llegamos a la puerta del transportador. Toque el botón tan solo una vez y casi al instante este llego y las puertas se abrieron. Las puertas se cerraron y estuve varios segundos tratando de recordar el código necesario. Tipie los números, deseando no estar equivocándome y casi salte de felicidad.

_ Te habías olvidado el número –dijo Alex tranquilamente y lo fulmine con la mirada

_ No es cierto –dije y él sonrió

_ Si lo es –dijo él

_ No lo es –dije y él puso los ojos en blanco

_ Se suma a la larga lista de cosas que jamás me dirás o admitirás –dijo él

_ Vete al diablo Alexander –dije y él rió a mis espaldas

_ Ya me estaba empezando a preocupar, tanto tiempo sin que me dijeras eso –dijo Alex

_ Si, se siente bien mandarte al demonio –dije con indiferencia- Pero estas en mi territorio y juraste hacer todo lo que dijese, por lo tanto, no puedes contradecirme. Si sigues molestando haré que te caigan litros de tomate encima.

_ Atrévete y te juro que mi venganza será terrible –dijo él seriamente y no pude evitar reír

_ No puedo creer que detestes tanto el tomate –dije

_ No lo detesto, simplemente no lo puedo ver. Lo odio –dijo él

_ No se por que ese trato me suena tan familiar –dije y las puertas del transportador se abrieron- Compórtate o alguien terminara por atacarte.

_ Ya estoy acostumbrado a que donde vaya alguien quiera matarme –dijo Alex mientras ambos salíamos- De hecho, ya parece un hecho cotidiano que mi vida corra peligro.

_ No tienes idea de lo que dices –dije mientras caminábamos por el pasillo- No tienes idea de lo que es estar al borde de la muerte todo el tiempo. Saber que si tu equilibro se rompe podrías morir.

_ ¿Y tu si? –Pregunto él y negué con la cabeza- ¿Y entonces?

_ Nada –dije y suspire- Tan solo... ten cuidado. Mientras estés a mi lado nadie te atacara pero aun así no hagas ninguna estupidez.

_ O meterás en mas problemas a Katherin de los que ya tiene con sus padres –dijo Sam apareciendo frente a nosotros y chocamos los cinco- Según dicen por los pasillos, tu madre anda muy molesta el día de hoy.

_ No me sorprende –dije- Me descuartizara lenta y dolorosamente.

_ No lo se –dijo Sam y nos miro con curiosidad- ¿La regla sigue en pie?

Asentí con mucho cuidado sabiendo a lo que él se refería. Mire a Alex un segundo de soslayo, tratando de no sentirme culpable por ocultarle este tipo de cosas y frente a él pero sin lograrlo. No era justo, definitivamente no estaba bien lo que yo estaba haciendo. Pero lamentablemente mi mamá ya se había ocupado de que yo no la desobedeciera. Me había hecho prometerle y jurarle que guardaría silencio y no diría nada respecto a ella o respecto a mí. ¿Pero hasta que punto aquella promesa no me hería?

_ ¿Lo llevas a ver al director? –pregunto Sam

_ Él me lo pidió y estoy segura de que el director estará encantado de recibirlo –dije- ¿Y los demás?

_ Jeremiah salio a buscar algo junto con Lupe. Will anda entrenando en alguna parte y Jude esta tratando de entretener a tu madre –dijo él e hice una mueca- Es un buen amigo.

_ Ya lo se –dije

_ Bueno, los dejo continuar con su camino –dijo Sam- Yo iré a la tienda.

_ ¿Buscas algo elegante y mortal? –pregunte sonriendo y él me devolvió la sonrisa

_ Había visto la última vez unos mocasines que me tentaron bastante. Son adheridles a cualquier superficie de modo que puedo caminar por las paredes y pediré si pueden hacerles algunas modificaciones –dijo Sam

_ Jude se molestara si copias sus ideas –dije y él rió

_ Ya saco una patente así que no puedo hacerlo –dijo Sam- No creas que no lo pensé. Quizás los vea luego, adiós.

_ Sabes una cosa, entenderé algo de rumano pero es torturante oírlo a la mañana –dijo Alex una vez que Sam estuvo fuera de nuestra vista

_ Al menos entiendes algo –dije- Él no te entiende ni una sola palabra.

_ ¿Y eso es malo o es bueno? –pregunto Alex y sonreí

_ Averígualo por ti mismo –dije, deteniéndome y abriendo una puerta

Él se quedo helado de modo que prácticamente lo empuje dentro. Ni siquiera me había molestado en tocar por lo que el director no noto nuestra presencia hasta que levanto la vista de los archivos que estaba revisando. Primero nos miro con curiosidad, a tiempo que se sacaba los anteojos y los dejaba a un lado. Luego, una amable sonrisa se fue abriendo paso por su rostro. Él se levanto y rápidamente fue a estrechar la mano de Alex, quien estaba más que confundido y sin saber que hacer. Al parecer, no se esperaba esa reacción del director de Solcius. Pero yo si, estaba consciente del entusiasmo que Adam tenia por conocer al menos a un miembro de la familia Engel.

_ Tu debes ser Alexander –dijo él estrechándole enérgicamente la mano- Es un placer conocerte. No hay nada que me guste más que conocer a los hijos de las leyendas. Al fin Katherin te ha traído ante mí.

_ Él me lo pidió –dije, apoyándome en la pared- sabes que sigo manteniendo mi palabra en pie.

_ He venido por mi propia voluntad –dijo Alex- No por que ella me lo haya pedido ni nada por el estilo.

_ No importa, lo importante es que estas aquí –dijo Adam recuperando su lugar en el escritorio- Siéntate, no te quedes ahí parado. Te diré lo mismo que les digo a todos quienes están bajo mi cargo, trátame como un amigo si quieres. ¿Kat, tu también quieres sentarte?

_ Lamentablemente, cada vez que tomo asiento ahí, recibo una noticia mala –dije y suspire- Aun así te lo agradezco Adam.

_ Como quieras Katherin –dijo él sin darle mucha importancia- Vamos Alexander, toma asiento, no te quedes ahí quieto. Estoy encantado de conocerte. Eres el hijo de Michael. ¿No es así? Gran ángel según me han dicho.

_ ¿Ha oído hablar de mi padre? –pregunto Alex sentándose frente al director

_ Si y mucho. He tenido mucha curiosidad desde que supe que estaba en este tiempo con nosotros. Él es prácticamente nuestro fundador. Claro, me sigo preguntando que lo habrá hecho cambiar de opinión... –dijo Adam sumiéndose en sus pensamientos y volviendo a la realidad- Pero bueno, se lo preguntare si algún día tengo el placer de verlo en persona. He escuchado hablar muy bien de él.

_ ¿Quién le ha hablado de él? –pregunto Alex y me quede helada

_ Pues el padre de Katherin, claro –dijo Adam y entonces me tranquilice- Ellos dos se conocen del pasado.

_ Es extraño considerando que mi padre no habla mucho de él –dijo Alex de un modo desafiante conservando la calma

_ Pues Adrian habla muy bien de él. No me sorprende que tu padre no hable mucho de él, después de todo, se conocieron cuando Michael estaba en sus últimos días con nosotros –continuo el director- Quizás sea por eso.

_ Quizás –dijo Alex tranquilamente y miro al director- O quizás sea por que usted me esta mintiendo y no ha sido Adrian Strega quien le ha hablado de mi padre. Elija usted cual opción desea creer, yo ya se cual es la correcta.

Me tense ante esa rápida deducción y el director se quedo sin palabras. Él me miro pidiendo ayuda y negué de un rápido y solo movimiento con la cabeza. Estaba solo en esta, yo ya le estaba ocultando demasiadas cosas a Alex y el director no podía utilizarme a su favor en esto. Suspire viendo que el director claramente había subestimado a la persona que tenía enfrente.

_ Adam, ve al punto –dije

Lo mire seriamente, advirtiéndole que esta era la única vez que lo salvaría por cometer un error así y dejar que Alex descubriera tan rápidamente su mentira. El director casi se estremeció al cruzarse con mi fría mirada. Sacudí apenas la cabeza, tratando de volver a ser yo misma y sintiendo una mínima jaqueca. ¿Qué? ¿Qué era lo que me acababa de suceder? Yo normalmente no era así de seria y cortante, jamás lo había sido. Me sentí por un segundo mareada y agradecí estar apoyada contra la pared. Me di vuelta, viendo mi reflejo en el cristal más pálido de lo normal. Ya era definitivo, necesitaba aprender a controlar mis dos partes y que ellas no me controlaran a mi o este asunto podría terminar mal.

_ El punto es que tenemos razones para creer que el oscuro desea matarte –dijo Adam- Creo que tu lo conoces como el encapuchado. O al menos así se refiere Katherin a él.

_ Así es –dijo Alex- Y no me sorprende que desee matarme.

_ Si, pero tu has sido su primera victima –continuo el director- El oscuro ya se ha encargado de muchos pero tu eres el primero del que tenemos registro. ¿Tienes idea del por que?

_ No lo se –dijo Alex y miro al director- Solo se que le costara muy caro lo que me hizo.

_ Pero has estado cara a cara con él. ¿Alguna vez le has podido ver el rostro? –pregunto Adam

_ Mire, yo debo saber lo mismo o menos que lo que ustedes saben –dijo Alex- He estado tan solo dos veces realmente cara a cara con el encapuchado y le puedo asegurar que nunca le he podido ver el rostro. Lo único que sucedió la ultima vez es que él me dijo que merecía morir por traidor cuando yo no se ni que diablos tiene conmigo. Y la primera, simplemente jugué poker con él y le gane. Al parecer no es bueno con las cartas. Es un sujeto demasiado extraño y poderoso. Mi mejor amigo le ha podido ver el rostro pero no recuerda nada y le duele la cabeza cada vez que intenta recordarlo.

_ Vaya, eso si que es extraño –dijo el director y me miro- ¿Katherin, has intentado...?

_ Si –dije- Lo toque buscando aquel recuerdo pero no pude. Tiene un bloqueo o algo que me impide ver aquel recuerdo. Además, mis manos no estaban en el mejor estado en ese momento por lo que mi don no funcionaba del todo bien.

_ Pero el oscuro no sabe cual es tu don –dijo el director

_ Muy pocas personas lo saben. Mi hermana por ejemplo no lo sabe –dije y suspire- Solo hay una persona que puede ayudarnos con este misterio y lamentablemente no la puedo encontrar.

Baje la vista, sintiendo como la tristeza se adueñaba de mis ojos ante el recuerdo de Nicholas. La última vez que lo había visto él me había dicho que había decidido vivir sin alma. Me sentía mal al saber que aquello había sido por mi culpa, que él había terminado así por mí. Sacudí la cabeza, tratando de que las lágrimas no se acumularan en mis ojos.

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