Capitulo 8: Días de entrenamiento

undefined
undefined. undefined

Primer día: Luego de haber vencido más que satisfecha a Will en el partido de football tuve un curso intensivo de entrenamiento. Al fin entendí que a se refería Darren con aquello del tiempo. ¿Cómo demonios era posible que veinte horas se adaptaran a tan solo once? Así era, el tiempo dentro de Solcius pasaba mucho más lento que en el exterior. Así que cuando salí luego de lo que me pareció casi un día, me sorprendí al notar que apenas eran las seis de la tarde. Esa tarde llegue agotada a mi casa pero recupere el entusiasmo al saber que me esperaba toda una clase a solas con mi papá para que me enseñara magia. Me eche a dormir mas que agotada a la noche y no abrí los ojos hasta que sonó el despertador. Nuevamente no tuve pesadillas con el encapuchado.

Segundo día: Estuve en Solcius media hora antes para poder encontrarme con mis compañeros y disfrutar de un momento junto a ellos. Seguí el consejo de Lupe de dirigirme a la cafetería y decir que era nueva. Una señora muy amablemente me entrego unas galletas marineras y me recomendó que las comiera cada tanto. Descubrí que a pesar de que el tiempo en Solcius pasaba de un modo extraño de forma que veinte horas eran en realidad once, podía soportarlo gracias a aquella comida. Volví a mi casa sin ningún signo de agotamiento o cansancio.

Tercer día: Ya había logrado retomar el curso y estar al mismo nivel que los demás. Mi mamá no se había equivocado, me sentía a gusto en ese lugar. Había muchas clases, muchas materias, muchas cosas que aprender y practicar. Había todo tipo de seres y todos conviviendo en paz sin el mas mínimo problema. Gracias a Darren aprendí todo respecto al funcionamiento de Solcius en mi tiempo libre. Conforme pasaba mas tiempo con ellos, comenzaba a conocer mejor a cada uno.

Suspire. Ya era el cuarto día. Estaba sentada en las gradas que había en la arena junto con Lupe viendo como Jude y Will se batían a duelo. Ambos tenían un excelente control de la esgrima, debía admirarlos. Pero al ver a cada ángel con su espada no podía evitar pensar en Alex y en cuanto lo extrañaba. El hecho de que ahora mis días parecieran mucho más largos no ayudaba en eso.

_ Will realmente se esta luciendo hoy en el combate –dijo Lupe

_ Eso creo –dije y suspire- ¿Lupe, te puedo hacer una pregunta?

_ Cualquiera que desees Katherin –dijo ella

_ ¿Jude es gay? –pregunte y enseguida me retracte

_ Si –dijo ella tranquilamente- Es un caso raro en los ángeles pero él es un sujeto excelente.

_ ¿Por qué es un caso raro? –pregunte

_ ¿Alguna vez has conocido a un ángel gay antes? –Pregunto ella y negué con la cabeza- Es por que el Consejo se ocupa de que ellos no existan. Por eso Jude esta acá. Es uno de los pocos que logra salvarse. Pero a él le encanta este lugar y siempre esta feliz. Y a mi, me basta con eso.

_ Ya veo. ¿Y que sucede con los que no logran salvarse? –pregunte

Ella no me respondió al instante. Se dio vuelta para mirarme y se paso un dedo por el cuello mostrando como se degollaba. Me estremecí al saber la respuesta y ella asintió ante mi inquisitiva mirada. Mire a Jude de soslayo sin poder comprender como el Consejo seria capaz de aquello. Pero lo eran y lo peor de todo era que yo lo sabía y ya había visto varios casos de la crueldad del Consejo.

_ Sigo sin poder creer como son tan crueles –dije

_ Pero lo son. Espera unos días. Ahora en clase de Realidad de las Organizaciones estamos viendo a la Secta. Pero en unos días empezaremos a ver al Consejo –dijo Lupe- Realmente son unos desalmados, no entiendo como es que los ángeles le sirven.

_ Es que no tienen opción –dije y suspire- Ellos no pueden decir que no por que se los acusa de traidores y se les arrancan sus alas. Pero ellos no quieren servirle, están hartos de todo esto.

Apoye mi cabeza sobre mis rodillas. No, ninguno de ellos quería servirle al Consejo pero ellos mismos me lo habían dicho, estaban atrapados. No era justo. Nuevamente sentía la tristeza dentro de mi por lo que ellos tenían que vivir a causa de ese maldito Consejo. Me lamente por ellos, por los hermanos y amigos que ya debían de haber perdido a causa de su deber, por lo que a cada uno le había tocado vivir, por todo. ¿Cómo estaría Miguel sabiendo lo de su hermana? ¿Cómo habría reaccionado el padre de Gabriel luego de que él hubiera interferido en una decisión del Consejo? ¿Cómo habría tomado Alex el hecho de que casi le arrancaran las alas? Mis ojos se llenaban de lágrimas ante ese pensamiento. Rápidamente me deshice de ellas, convenciéndome de que todo estaba bien, de que yo había visto sus alas en perfecto estado muchas veces.

_ Tus amigos no quieren servirle al Consejo. ¿Cierto? –pregunto Lupe y asentí

_ Cuatro de ellos ya han dejado más que en claro que no quieren seguir del lado del Consejo –dije

_ Pues ese tema debes tratarlo con el director para ver si te da la autorización de actuar y poder hablarles sobre Solcius –dijo Lupe y me sonrió

_ El director anda ocupado en otras cosas –dijo Sam

Ambas levantamos automáticamente la vista hacia arriba. Ahí estaba él, recostado a lo largo de una de las largas vigas que había en el techo. Y aun así, habíamos oído su voz perfectamente. Él balanceaba una pierna sobre la otra mientras silbaba y continuaba en su cómoda posición.

_ ¿No han escuchado el rumor que corre por los pasillos? –Pregunto él- Supuestamente Michael Engel sigue vivo y esta en este tiempo. El director quiere buscarlo y contactarlo. Pero creo yo que le será difícil dar con uno de los mejores ángeles de toda la historia.

_ ¿Michael Engel? –pregunto Lupe confundida

_ Si. ¿No prestas atención a las clases de historia? –Dijo Sam- Michael Engel fue prácticamente el fundador de Solcius pero luego nos traiciono ante el Consejo quien sabe por que. Pero ahora dicen que él esta en este tiempo.

_ ¿Y como saben eso? –pregunto Will, de pronto deteniendo su combate y prestando atención

_ No lo se, simplemente lo saben –dijo Sam

_ ¿Pero esto es bueno o malo? –pregunto Jude

_ Depende de a quien sea la lealtad de Michael –dijo Sam

_ ¿Pero como es que lograron encontrarlo? –dijo Lupe

_ No lo se, apenas si he escuchado un susurro de pasillo –dijo Sam tranquilamente- ¿Pero se imaginan a Michael Engel caminando por estos pasillos?

_ Seria algo extraño –dijo Jude

_ Ese hombre fue un traidor –dijo Will dándole una estocada al aire, furioso- No se si seria capaz de verlo.

_ Michael debe de ser bueno –dije y todos clavaron su mirada en mi- Al menos mi mamá lo hace parecer como un buen sujeto cuando me cuenta de él.

_ Ese es el problema –dijo Will mientras seguía atacando a su enemigo invisible- Michael Engel era un buen sujeto hasta que traiciono a sus propios compañeros. No entiendo como le da la cara para seguir viviendo. Si enserio llega a presentarse por aquí, no esperen que le tenga respeto.

_ Todos merecen una segunda oportunidad –dijo Lupe- Estaría bueno saber por que él y Soledad traicionaron a Solcius.

_ ¿Sam, sabes algo mas al respecto? –pregunto Jude

_ Nada más que lo que corre por los pasillos –dijo Sam- Si es cierto, nos enteraremos en cuestión de días.

_ ¿Qué tenemos ahora? –pregunte para cambiar de tema

_ Tenemos C.F. –dijo Lupe al instante sonriendo- Combate Físico. No podemos usar nada más que nuestras armas.

_ Será genial –dijo Will sonriendo y enfundando su espada- Deseo poder probar esta nueva chaqueta.

Él sacudió las mangas de su chaqueta y todo a lo largo apareció una fila de navajas negras dispuestas a cortar. Me quede helada y abrí los ojos como platos ante aquello. Will sacudió su brazo nuevamente y con un clic todas las hojas volvieron a su lugar. Lupe me miro durante un segundo y luego se echo a reír a mi lado.

_ ¿En todo este tiempo nadie le dijo de ir a la tienda? –pregunto Lupe

_ Ella parecía no necesitarlo, ya la has visto en clase de combate –dijo Sam

_ Aun así creo que no le vendría mal ropa nueva –dijo Lupe

_ ¡Yo la acompaño! –exclamo Jude

Él paso corriendo a mi lado y me tomo casi por la fuerza. Sujeto mi muñeca y tiro de mí, poniéndome en pie y arrastrándome detrás de él. Casi grite al trastabillar y no poder seguirle el paso de lo rápido que iba. Trastabille mas o menos todo el camino sin saber como hacia para no caerme. Me veía obligada a dar grandes pasos ya que Jude tiraba de mí para ir lo más rápido que pudiera y yo no lograba alcanzarle el paso. ¿Esto era normal? Finalmente me canse de intentar no caerme y tome la velocidad de una bruja para estar en un segundo a su lado y poder seguirle el paso. Él sonrió y tiro más fuerte de mí. Corrí igual que él para no volver a mi otra situación y ambos cruzamos todo el establecimiento como una sombra de lo rápido que íbamos. Al fin Jude se detuvo y pude detenerme a su lado. Me quede atónita mirando lo que parecía ser un local de ropa dentro de Solcius y Jude entro mas que encantado.

_ Esto es la tienda –dijo él cuando lo alcance- No entiendo como no se me ocurrió traerte aquí antes. Hubieras estado en desventaja para la clase de Combate Físico.

_ ¿Por qué? –pregunte

_ Veras, Solcius a diferencia de cualquier otra organización insiste en que el entrenamiento debe ser hecho con tus propias ropas. Nada de uniformes o algo por el estilo. Después de todo, un combate puede surgir en cualquier segundo y uno debe saber pelear no importa la ropa que lleve puesta –dijo Jude- Pero lo que esta genial de esta tienda es que Solcius te proporciona al menos una prenda que te sirva para el combate. Ya has visto la nueva chaqueta de Will. Lo ideal es tener tan solo una prenda de ataque y saber utilizarla a la perfección. Elige lo que quieras y luego simplemente le avisamos a Lizz que nos llevamos algo. Después de todo, no podemos llevarnos mucho, debemos dejar las ropas para los que salen en misiones.

_ ¿Los que salen en misiones son los que ya cumplieron con su entrenamiento? –pregunte

_ A diferencia del Consejo, los que salen en misiones son los que quieren. Todos en este lugar ya estamos capacitados pero es muy raro el caso en el que Solcius te pide que tú debes ir en una misión. Normalmente, Solcius anuncia que tiene una misión y van los que se ofrecen –dijo Jude- A mi me gusta permanecer aquí y asistir a las clases.

_ ¿Y exactamente en donde estamos? –Dije- No he venido más que con hechizos de transporte.

_ No lo se –admitió Jude- Yo cruzo cada mañana el mercado negro para llegar aquí y debo pasar por todo el control aunque Jeb, quien es el custodia, ya me conoce. La única entrada real que existe a Solcius esta en un portal en el mercado negro. Es raro no saber de donde vienen los demás, yo soy de Finlandia.

_ ¿Enserio? –Dije y él asintió- ¿Y hablas ingles?

_ No lo estoy hablando –dijo Jude- Lo que sucede es que los emblemas de Solcius tienen poderes, eso ya lo sabes. Funcionan como traductores entre nosotros. Tu escuchas que estoy hablando en ingles pero en realidad no es así. Y si yo me quito mi emblema no te entenderé ni una sola palabra. Solcius es universal. El Consejo no, solamente me entendía con los ángeles que hablaban mi idioma.

_ Perfecto. ¿Alguna otra cosa que deba saber? –pregunte y él negó con la cabeza- Entonces tendrás que ayudarme a escoger que llevar de todas las cosas que hay aquí. ¿Tu que tienes?

_ No te recomiendo que intentes agarrarme las manos detrás de la espalda –dijo Jude y sonrió- Esta tela te quemara como acido y eso es para cualquier ser. El mecanismo que tiene es increíble. Tú deberías buscar algo que puedas utilizar en caso de que te ahorquen. Después de todo, según se sabe, el oscuro te ha ahorcado ya varias veces.

_ Tan solo tres –dije y suspire- Pero no importa cuanto lo intente, es como si me quedara paralizada al sentir su tacto. Siempre hay algo o alguien que interviene y me salva de él.

_ Entonces debes buscarte algo que puedas tener en todo momento y puedas utilizar fácilmente, después de todo el oscuro puede atacarte en cualquier momento –dijo Jude- Yo creo que un par de zapatos te vendrá bien y se perfectamente cuales necesitas.

Jude camino por toda la tienda y lo seguí prestándole una mínima atención a mí alrededor. Me costaba creer que la ropa que había ahí podía resultar ser un arma mortal. Parecía todo menos aquello. Quizás Jude no se había equivocado del todo, la ropa tenia un diseño increíble y era muy fashion. Finalmente me detuve frente a la sección de zapatos al verlo a Jude agachado a un lado y revisando los estantes. Él se dio vuelta y se fijo en mí, luego a un par de zapatos que tenia delante, luego en mi otra vez y nuevamente hacia los zapatos. Alterno la mirada entre ambos durante varios segundos hasta que finalmente se decidió y tomo el par.

_ Intenta con esto –dijo- Yo creo que a ti te servirán los zapatos. Yo siempre digo: los zapatos hacen a la mujer. Tu caminar lo es todo. Tienes que dar una perfecta apariencia al caminar y necesitas unos zapatos acordes. Anda, pruébatelos, no dudes más.

No tuve otra opción. Me quite mis botitas de cuero acordonadas, mintiéndome culpable como si de algún modo las estuviera reemplazando, y tome el par de zapatos que me dio Jude. Mire los zapatos rojos de taco aguja con bastante curiosidad. Terminaban en punta e increíblemente me resultaron extremadamente cómodos cuando me los puse. Logre ponerme en pie sin ningún inconveniente, sintiéndome unos centímetros mas alta y no pude evitar sonreír ante el hecho. Jude me examino de pies a cabeza asintiendo más que a gusto.

_ Te quedan perfectos –dijo él- Fíjate en la punta y el taco, cortaras cualquier cosa con eso.

_ Aun así me siento mal –dije y tome mis gastadas botitas- Me han acompañado en todo lo que he vivido, no puedo deshacerme de ellas. Además de que siempre las he tenido puestas cuando me enfrentaba a algún problema.

_ No creo que duren mucho mas aquellos zapatos, de hecho, creo que con suerte llegaran a año nuevo –dijo Jude con una mueca- Pasaran a mejor vida pronto. Será mejor que te deshagas de ellas.

_ Pero es que no puedo –dije casi de un modo desesperado- He estado encerrada con estas botas, he escapado del Instituto con ellas, he peleado contra Nick y Diana portándolas. Y...

Y las tenia puestas aquella mañana que Alex me había confesado todos sus sentimientos y me había besado, pensé. No, no había forma de que olvidara aquella mañana. Me había despertado odiándolo por nuestra pelea de la noche anterior y me había acostado amándolo nuevamente. Suspire al mirar mis botitas. No, definitivamente no habría modo de que me deshiciera de ellas.

_ ¿No hay algún modo de salvarlas? –dije y mire a Jude de un modo suplicante- Por favor... Dejar estos zapatos atrás seria como dejar una parte de mí atrás.

_ Esta bien –dijo él y suspiro- Dámelas, veré que puedo hacer para que recuperen la vitalidad que algún día habrán tenido.

_ Muchas gracias –dije sonriendo y entregándoselas

_ Adivinare, esas botas tienen un gran valor emocional para ti –dijo él y lo mire con curiosidad

_ Si. ¿Cómo sabes? –pregunte

_ Veo el brillo en tus ojos ante el recuerdo al mirarlas –dijo Jude- Es mi virtud notar esos detalles. De hecho, hasta estoy seguro que conociste a tu actual novio llevando puestos estos zapatos y podría asegurar que también lo besaste por primera vez teniéndolas puestas.

_ ¡Que! Tú no tienes modo de saber que tengo novio, jamás lo he dicho –dije y Jude sonrió

_ Para mi es obvio Kat. Lo noto en tus ojos cada vez que piensas en él y ahora lo confirmo en tu mirada y en como te sonrojaste –dijo Jude y su sonrisa se ensancho- ¿Con quien sales?

_ Un ángel –dije

_ Ya me parecía, eso explica la pluma que llevas en tu bolsillo –dijo él y lo mire atónita- Es la virtud de Will. Él me dijo que llevabas una pluma y pensó que seguramente debía ser de tu madre, yo no. Si enserio esa fuera una pluma de tu madre no sonreirías al recordar que la tienes y sentirla. Y también puedo notar que como no dijiste nada hasta el instante esperas que yo haga lo mismo y no diga nada respecto a esto. Sales con un servidor del Consejo y esperas que nadie se entere.

_ El problema va por ahí pero es mas complicado –dije con una mueca- Algún día te contare. En un lugar donde las paredes no oigan y cuando se calmen un poco los asuntos que están tratando el director y mi mamá.

_ ¿Los asuntos de Michael Engel? ¿Entonces son ciertos y no solo rumores? –Pregunto Jude y asentí- ¿Tú sabes algo al respecto?

_ No lo se. No se que puedo decir y que no, en quien confiar –dije y lo mire a los ojos- Te seré sincera, no se a quien le debo mi silencio.

_ Eso si que es raro –dijo Jude- Será mejor que volvamos antes de que la clase empiece.

Suspire sabiendo que tenía razón y asentí. Para cuando volvimos a la arena ya todos los servidores de Solcius que se entrenaban estaban en las gradas. Era increíble ver desde niños de siete años hasta adultos de treinta y uno. Pero no pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro. Ellos estaban aquí por que querían, no por que se los obligaba. Y además, había todo tipo de seres y todos estaban perfectamente en paz y eran amigos.

_ Muy bien, la clase de hoy será sencilla –dijo el entrenador pasando al frente- Nada de magia, nada de armas, nada mas que lo que tengan a mano y sus habilidades. Deben estar capacitados para cualquier tipo de combate y por favor no se pasen del limite, recuerden que estarán luchando contra sus compañeros, no sus enemigos. Muy bien. ¿Quiénes serán los primeros en pasar?

El entrenador dijo dos nombres al asar y dos muchachos de once años pasaron al frente. Uno era un licántropo, el otro un hada del fuego. Ambos empezaron el combate nada más con lo que tenían encima y el entrenador fue tomando nota de cada uno de sus movimientos. En un momento el licántropo cayó al suelo y se raspo el codo dejando que la sangre apareciera. Me quede esperando atónita, casi aguardando que alguno de los vampiros aquí presentes se abalanzaran sobre el joven con la mancha de sangre. Pero nada ocurrió.

_ ¿No se tientan ustedes con la sangre? –pregunte, Sam estaba a mi lado

_ Si, pero podemos controlarnos –dijo Sam- Estamos bien alimentados en este lugar. Además, la sangre del chico es A+, es dulce pero a mi me resulta empalagosa. Hay mejores tipos de sangre que tomar.

_ Una vez me mordió un vampiro –dije- No se como le habrá sabido mi sangre pero venia deseándola desde que lo conocí.

_ Es que tu sangre huele deliciosa Kat y tu baja temperatura le debe dar un toque exquisito –dijo Sam y sonrió- Admito que tienta probar tu sangre. No es de malo, pero envidio a quien te mordió.

_ Término muerto –dije

_ No se por que me lo imaginaba –dijo Sam- Pero te lo digo enserio Katherin. Ten mucho cuidado de los demás vampiros, tu aroma tienta demasiado. Tienes sangre de ángel y sangre de bruja, no debe existir sangre más exquisita. Y seguro que tu alma les debe tentar a los brujos.

_ ¿Qué quieres decir? –pregunte y él me miro

_ Así como tu sangre me tienta a mí en estos momentos. Tu alma debe tentar a cualquier brujo que este al servicio de Lucifer –dijo él- Eres un caso excepcional Katherin. Tu alma tentara a cualquier brujo al igual que tu sangre a cualquier vampiro. Pero dejemos de hablar de esto, haces vacilar mi control.

_ Lo lamento –dije

_ No tienes por que, no es tu culpa ser tan apetecible –dijo Sam y clavo su vista en el combate al frente- Por cierto, los rumores de Michael Engel eran verdad, esta en este tiempo y Solcius quiere localizarlo.

Me estremecí imperceptiblemente. ¿Eso era bueno o malo? No quise pensarlo, no si Solcius seguía considerando a Michael Engel como un traidor. ¿Y a quien pertenecía mi silencio? ¿A Solcius o a Alex? ¿A la organización a la cual pertenecía o al hijo de los traidores? Sacudí la cabeza, no podía ser que justo estuviera en medio. Suspire y clave mi vista en los combates. El tiempo pasaba lento, o rápido, no lo sabia con exactitud. El tiempo no tenia sentido dentro de este lugar. Luego de que un brujo hubiera terminado de luchar con un vampiro, el entrenador se paro al frente y me llamo para que pasara. Acto seguido llamo a Will y ambos nos paramos enfrentados.

_ Veamos que tan bien sabes pelear Kat –dijo él sonriendo

_ ¿Te conté alguna vez que pude con cuatro ángeles a la vez? –pregunte sonriendo

_ Ya veremos si eso es cierto –dijo Will

Comenzamos el combate y yo no podía hacer nada más que reír al bloquear sus movimientos. Eso me distraía y no me permitía atacar. Me pregunte durante unos segundos que tan poco serio calificaría mi trabajo el entrenador. Pero aun entre risas, podía seguirle el ritmo a Will y bloquear sus ataques. Él detuvo una patada mía y salte hacia atrás haciendo una voltereta para evitar su ataque. Aterrice perfectamente de pie y lo desafié con la mirada. Will volvió a atacarme y salte sobre él mientras reía. Estuve a sus espaldas y en un segundo de distracción él se agacho y de un rápido movimiento me tumbo al suelo. Caí al duro piso y él estuvo sobre mí, sosteniéndome por las muñecas.

_ Lo admito, eres buena –dijo Will

_ Tú también –dije

_ ¡Esto no es jardín de infantes! –Grito el entrenador- ¡Dejen de jugar!

Sofoque una risa antes de patear a Will en el abdomen y quitármelo de encima. Él voló hacia atrás y cayó en el suelo. Se puso en pie de un salto y durante unos minutos continuamos con nuestro combate cuerpo a cuerpo. Finalmente bloquee uno de sus golpes y sostuve su brazo derecho por la muñeca. Hice presión y lo forcé a darse vuelta. En menos de un segundo yo estaba detrás de Will sosteniéndole ambas muñecas en la espalda y sonriendo triunfal. Él rió y entonces sus manos me tomaron a mí por las muñecas volviendo el juego totalmente parejo.

_ ¿Y ahora que? –Pregunto él- Dudo que puedas hacer algo, soy mas fuerte que tu.

_ Quizás –dije

Ambos nos soltamos brutalmente y nos enfrentamos nuevamente. En un latido de corazón terminamos el uno frente al otro. Su mano derecha termino alrededor de mi cuello y la mía alrededor del suyo. A ambos comenzó a costarnos respirar por la presión que ejercía el otro y por un segundo me pregunte si podría utilizar mi nueva adquisición el día de hoy. Mire a Will directo a los ojos y supe que no. Él no había usado su chaqueta contra mí a pesar de que había deseado probarla en el combate de hoy. Algo en él simplemente me impedía que yo pudiera utilizar mis zapatos para herirlo y librarme de su ataque. Aun así, lo vi vacilar a él a la hora de seguir estrangulándome y su agarre se aflojo. Algo paso por sus ojos, un sentimiento que me fue imposible reconocer y entonces yo también deje de agarrarlo.

_ Es un empate –dijo el entrenador

Ambos largamos el aire que habíamos estado conteniendo y no dejamos de mirarnos fijamente a los ojos. Mi mano lo soltó y se deslizo por su hombro hasta caer a un lado mío. Él me soltó. Sus dedos acariciaron mi cuello y luego me limpio con su mano un poco de tierra que tenia en la mejilla. Nuestras miradas se volvieron a encontrar y me quede sin aire viendo que él tenía los ojos clavados en mí. Clave mi vista a un lado y me deshice de su mano. Camine unos pasos, alejándome de Will y volviendo a sentarme en las gradas. Suspire y apoye mi cabeza sobre mis manos. Aquello me había resultado extraño y en cierto modo incomodo.

_ Buen combate –dijo Jude sentado a un lado mío

_ Ella sabe pelear –dijo Will sentándose a un lado- Lastima que se reía tanto y no dejaba de jugar. Me hubiera gustado probarla en un combate enserio.

_ Te dije que podría contigo –dije- Ya me he enfrentado a ángeles.

_ Dudo que sea para tanto –dijo Will y lo mire seriamente

_ He estado sometida a tres objetos sagrados. Pase el juicio de la balanza sagrada, oí la melodía de una flauta que me mataba de dolor y estuve bajo la amenaza de una espada sagrada –dije

_ Eso es fácil –dijo Jude- Balanza, familia Crist. La flauta si no me equivoco le pertenece a la familia Luteri. Pero la espada no se.

_ Sabemos que familia tiene cada objeto sagrado que existe –dijo Will al ver mi reacción- Es simple considerando que mi virtud se basa en los objetos y además conocí a Raphael Crist en un pasado. Entrenamos juntos. Creo que él debe ser el portador de la balanza ahora.

_ Así es –dije, sorprendida

_ Ya me parecía. Su virtud era el buen juicio –dijo Will- Y según tengo entendido el efecto de la flauta de la familia Luteri varía según la melodía. Increíble que hayas estado sometida a tres objetos sagrados. Aunque con lo de la espada me has matado. No se de ningún ángel que tenga una espada sagrada.

_ ¿Oye Will, luego me acompañas a la tienda? Deje unos zapatos de Katherin ahí y debo darle algunas indicaciones a Lizz respecto a que hacer con ellos –dijo Jude rápidamente

Le sonreí dulcemente cuando Will se fijo en él. Me había salvado. No sabia como pero Jude se había percatado de que no deseaba responder la obvia pregunta de Will respecto a la espada sagrada. Suspire. Si, Jude era un buen amigo. Los dos ángeles se insertaron en una conversación respecto al combate que tenían presente. Will hablando de los ataques y Jude hablando de los perfectos movimientos de los oponentes.

De pronto mi celular vibro en mi bolsillo y metí la mano dentro para sacarlo. Un inexplicable placer me recorrió cuando mis dedos rozaron la pluma que tenia ahí guardada y luego encontré mi celular. Mire con curiosidad el mensaje que me acababa de llegar y luego una sonrisa se fue dibujando en mi rostro al ver quien me lo había enviado.

“Sabes, la clase de historia realmente resulta aburrida si Gabriel esta toda la hora leyendo uno de sus libros y no tengo nada que hacer. El tiempo pasa muy lento”

“Dímelo a mi. Creo que pasaron cinco horas desde que estoy aquí y en realidad solo pasaron minutos. El tiempo de aquí dentro me vuelve loca”

Parecía extraño creer que Alex estuviera en una clase de historia y yo en... ¿Una clase de Combate Físico? ¿Esto se podía considerar como una escuela? Quizás si. Era mejor esto a estar teniendo ahora dos horas de idiomas con aquella anciana que encima era sorda y no tenia control. ¿Pero acaso enserio se le hacia tan interminable el tiempo en su aburrida clase de historia? Mis pensamientos se vieron interrumpidos con el vibrar del aparato en mis manos y otra vez sonreí.

“Quizás, no se en donde estas. ¿Puedo saber que andas haciendo o es información confidencial de Solcius que un simple servidor del Consejo como yo no puede saber?”

“No me he metido en ningún problema por ahora, o eso creo. ¿Cómo esta Miguel?”

“Destruido. No puedo continuar viéndolo así y no se que hacer. Pero él se mantiene muy distante y no permite que nos acerquemos. ¿Y tú hermana? ¿Sigues viva después de reencontrarte con ella o ya se volvieron a batir a duelo?”

“Sigo viva y no pude golpearla, mi mamá lo evito. Aunque se puede decir que discutimos bastante y mis padres terminaron enterándose de que salía contigo y ella con el encapuchado. Pero creo que han dejado el tema de lado, al menos conmigo.”

“Raphael baila de alegría por que te hayas ido, literalmente. Y Gabriel me esta diciendo que te haga recordar que le tienes que presentar a Moliere. Se esta volviendo insoportable con este tema.”

“Dile a Gabriel que se lo presentare y que deje de insistirte tanto.”

“Dice que aun así y ahora se molesto y volvió a su lectura. Me da gracia. ¿Puedo saber al menos por donde andas?”

“Es que ni yo lo se. No tengo la menor idea de en donde me encuentro.”

“¿Y se supone que debo estar tranquilo cuando no sabes ni donde estas? Supongo que no podía esperarme otra cosa de ti. Creo que me quedare sin celular pronto.”

“¿Por qué?”

“Por que el profesor de historia me vio y ahora esta caminando hacia aquí. Adiós, te extraño mucho Kat.”

“Adiós, yo también te extraño.”

Espero en vano unos segundos a que respondiera y reí apenas al guardar el teléfono. Solo entonces note las inquisitivas miradas de Jude y Will clavadas en mí. ¿Y ahora que? Genial. No podía decirle a mi novio con quienes o donde andaba y tampoco podía decirle a mis amigos y compañeros con quien me mandaba mensajes. ¿Acaso mi vida ya había perdido todo el sentido? Yo le seguía debiendo silencio a Alex y Will no había reaccionado muy bien ante el rumor de Michael Engel por lo que no convenía mencionar que salía con su hijo.

_ ¿Quién era? –pregunto Will

_ Alguien –respondí y una sonrisa se grabo en mi rostro al pensar en él

El resto del día concluyo normal y por suerte Will pareció olvidar completamente aquel hecho. Los días pasaron sin mucho más. Las clases eran soportables y algunas hasta llegaban a ser interesantes. Durante el día estaba en esta especie de escuela aprendiendo todo lo que podía. Durante la tarde mi papá me enseñaba cualquier hechizo que le pareciera útil y me ayudaba a perfeccionar mi magia. Realmente el tiempo me parecía mucho mas del que realmente era. Aunque aun había una duda en mí. Desde que estaba aquí no había vuelto a tener sueños con el encapuchado.

El despertador sonó a las cuatro de la mañana este día. Enseguida lo tome y lo metí bajo la almohada para que no siguiera sonando y despertara a los demás. Continuo sonando bajo mi almohada mientras yo me levantaba y me dirigía al baño. Chasquee los dedos antes de salir y el despertador dejo de sonar y volvió a su lugar. Utilice un hechizo de silencio para no hacer ruido. Me cambie rápidamente y me arregle. Por alguna razón había decidido levantarme mas temprano.

Baje rápidamente las escaleras disfrutando que el hechizo de silencio me cubriera totalmente. Tome mi daga, me puse mis zapatos, mi capa de terciopelo negro que me llegaba casi hasta los tobillos. Me hice un nudo en el cuello para sujetarla y luego comencé a buscar por la casa. Silbe varias veces e hice ruidos para llamar al gato que buscaba pero ninguno era. Finalmente me canse y lo llame por su nombre.

_ Shake –dije por lo bajo- Shakespeare ven, necesito de tu servicio.

No hubo respuesta. Al parecer William Shakespeare debería estar muy ocupado con su vida felina como para asistir a mi llamado. Suspire, era justamente la habilidad que él tenia la que necesitaba en este momento y no otra. Volví a intentarlo.

_ William ven –dije- Ayúdame en esto y prometo darte alguna idea para escribir además de traerte atún cuando vuelva. Créeme, mi vida es como aquellas historias que a ti te gusta escribir.

Un gato apareció encima de mí saltando de la escalera a una mesita que había y luego al suelo. El gato negro se sentó y me miro con absoluto detenimiento mientras movía su cola. Listo, el trato estaba hecho. Pero Shakespeare era el único gato que poseía un olfato capaz de encontrar cualquier portal y era eso lo que necesitaba ahora. Me di vuelta y salí a la calle seguida por aquel gato. Caminamos varias cuadras hacia abajo. Él se movía con gran honor, la cabeza en alto mientras olfateaba el aire en busca de que quería.

_ Necesito una entrada al mercado negro –dije

El gato asintió tan solo una vez y continuo caminando delante de mi. Finalmente se detuvo un segundo al olfatear algo en el aire y doblo en un callejón. Hacia mucho que no iba al mercado negro y tampoco recordaba la entrada que utilizaba cuando lo hacia por lo que no tenia la menor idea de a donde me estaba llevando Shakespeare. El mercado negro era un lugar interminable para seres fantásticos al que solo se podía llegar por las entradas ocultas que había en algunas ciudades. Entre al callejón vacilando un poco. No había nada más que lo típico: basura, desperdicios, basureros metálicos. Algo capto la atención de Shakespeare, una gran caja que había contra una pared de la cual colgaban telas. Él se metió dentro y lo seguí. Moví la tela a un lado para poder pasar y me encontré con más telas a modo de cortinas. Pase entre ellas, ya sabiendo que si esto fuera una caja normal ya me tendría que haber topado con la pared. Comencé a escuchar los murmullos y ver la luz a través de las telas. Finalmente moví una y logre salir al mercado negro.

Me quede mas que fascinada viendo el interminable lugar lleno de seres fantásticos. Trate de preguntarme como era posible que no hubiera decidido venir hasta ese momento a ese lugar tan irreal. Respire hondamente sintiéndome totalmente entre los míos. Ningún humano podía llegar a este lugar, era imposible. Tan solo los seres fantásticos lograban traspasar los portales que llevaban al mercado negro, un lugar totalmente oculto y fuera de las leyes del Consejo. Sonreí, aquí no había servidores del Consejo ya que ellos nunca habían podido encontrar este lugar.

Realmente su nombre lo definía muy bien, este lugar era principalmente un mercado negro. Había tiendas de canje, compra y venta. Había vendedores ambulantes que te ofrecían desde artefactos extraños hasta sus servicios. Al menos en la sección en la que había entrado todo parecía ser solo tiendas y vendedores ambulantes. La gran calle principal de esta sección estaba llena de ambulantes que no dejaban de moverse de un lado para el otro y pasaba totalmente desapercibida entre la multitud. Veía a un lado los transportadores, pequeñas cabinas capaz de llevarte a cualquier salida del mercado negro en cualquier parte del mundo. Claro, según fuera la correspondiente a la cabina. Tendría que acordarme por donde había llegado para luego volver.

Shakespeare seguía acompañándome fielmente mientras caminábamos entre la multitud. Fue cuestión de minutos para que algunos de los reambulantes comenzaran a reconocerme como la hija de Adrian Strega, el brujo más poderoso que existía. Una anciana se acerco a mí ofreciéndome una manzana acaramelada. Ella tenía el rostro totalmente devastado por la edad, lleno de arrugas y verrugas, además de que caminaba coja y estaba encorvada. Sonreí al aceptar su ofrenda y entonces me quite un guante para asegurarme de que no había nada malo con aquella manzana.

_ Muchas gracias –dije

_ No se si me recuerdas, soy Akita –dijo ella- De pequeña solías venir aquí con tu padre y siempre me pedías una manzana acaramelada.

_ Pues entonces muchas gracias Akita, por acordarte de mi –dije y ella me sonrió- Necesito ir a la intersección entre la calle del Lucero y la calle de Merlín. ¿Podrías indicarme el camino?

_ Sigue por la calle del Libre Albedrío hasta abajo, cuando llegues a la estatua de los querubines dobla a la derecha –dijo Akita- Sigue la calle que apunta la espada ardiente, aquella es la del Lucero.

_ De nuevo muchas gracias –dije

En algún momento del camino perdí a Shakespeare, supe que él debió de haber encontrado alguna musa y vendría luego. Después de todo, su habilidad con el olfato era increíble, me encontraría sin problema. Continué por la calle del Libre Albedrío hasta llegar a la estatua de los querubines. Quede absorta observando a los seres alados que ahí había. Tres figuras de blanco, con unos hermosos rostros tallados y unas alas asombrosas. Entre los seres del cielo, no había rango más alto que un querubín, ellos eran los más cercanos a Dios. El querubín del medio sostenía en alto una espada, victorioso. Quise apreciar mejor aquella espada pero era imposible por la altura a la que estaba. Yo parecía diminuta ante las imponentes estatuas.

_ “Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines, y una espada ardiente que se movía por todos lados, para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida” –dije y suspire cambiando la vista

Tal como me había dicho Akita seguí la calle que apuntaba la espada ardiente, aquella era la calle del Lucero. ¿Acaso la espada apuntaba esta calle por alguna razón? Quizás, no me resultaría extraño que la espada ardiente apuntara al Lucero caído. Continué caminando, tratando de quitarme aquellos pensamientos de la cabeza. No deseaba pensar en ángeles y demonios. Las calles pasaron rápidamente y pude vislumbrar al ángel que estaba parado en la esquina, bajo un farol, justo en la intersección entre la calle del Lucero y la calle de Merlín. Este me saludo levantando una mano y agitándola en el aire. Sonreí al acercarme y Jude me recibió con una de esas sonrisas suyas.

_ Hei –dijo él- ¿Kuinka voit?

Lo mire sin comprender una sola palabra y entonces él pareció percatarse de algo. Se llevo una mano al rostro por su equivocación y rebusco algo en uno de sus bolsillos. Saco un pequeño arete con el símbolo de Solcius y entonces se lo coloco en el agujero que tenia hecho en su oreja derecha. ¿Entonces aquel era el emblema de Jude? Jamás lo había visto pero no me parecía raro que él se lo quitara estando fuera de Solcius.

_ ¿Ahora me entiendes? –Pregunto y asentí- Lo lamento, olvide colocarme el arete.

_ No hay ningún problema –dije- Lo único, la manzana acaramelada que comí no basto para llenarme de energías. Necesito tomar algo.

_ Al parecer en cuanto al sueño eres totalmente bruja –dijo él- ¿No has intentado ver si tienes la misma habilidad que los ángeles para no sentir cansancio?

_ Shhh, baja el tono –dije para que solo él me escuchara- Recuerda que nadie fuera de Solcius puede saber quien es mi mamá.

_ Dudo que alguien por esta sección entienda el finlandés –dijo Jude- Aquí no hay ningún portal a mi tierra y por lo tanto ningún otro ser que hable el mismo idioma que yo.

_ Como digas –dije

_ Bueno, aquí estamos, antes de las cinco de la mañana como acordamos –dijo él- Tenemos la mañana para nosotros. Vamos por algo de tomar para que te mantengas despierta y luego hablamos.

Asentí más que encantada y caminamos por la calle de Merlín hasta encontrar un pequeño establecimiento. Todo en el mercado negro tenia una onda antigua, con las calles empedradas y los establecimientos que te hacían recordar a los de hacia siglos. Nos sentamos en una mesa en el exterior y un hada portando un vestido verde hecho de musgo se acerco a tomarnos el pedido. Ella batía sus alas y se mantenía en el aire con tranquilidad mientras anotaba todo. Jude pidió un batido de fresa y yo un chocolate caliente con mucha azúcar. El hada partió sin más preámbulos y estuvimos los dos solos.

_ Muy bien, aquí estamos en un lugar donde las paredes no oyen –dijo Jude- Y yo no diré nada tal como hemos acordado. Además de que ningún servidor de Solcius anda por esta zona en el mercado negro y los asuntos acerca de M.E. se han calmado.

_ Esta bien, te lo contare –dije- M.E. si esta en este tiempo y el director si lo quiere localizar.

_ ¿Y como supieron que él estaba en este tiempo? –pregunto Jude

_ Por que yo se los dije y también les dije que él vivía a las afueras de New York. Es un chef famoso y tiene un restaurante –dije

Los ojos de Jude se abrieron como platos y en ese momento la camarera vino a dejarnos nuestro pedido. Tome el chocolate caliente como excusa para no seguir hablando y a pesar de que el liquido me quemaba lo trague igual. Sentí al instante las energías correr por mis venas y deje la taza medio llena en la mesa. Jude seguía bebiendo de su batido de fresa sin dejar de mirarme inquisitivamente y suspire.

_ ¿Juras no contárselo a nadie? –pregunte

_ Palabra de ángel –dijo él

_ M.E. tiene un hijo, Alexander –dije y suspire- Y él es mi novio. Por eso mi mamá se entero lo de M.E. y luego el director.

_ ¿Me estas bromeando? –dijo Jude sonriendo y tomándoselo en broma

_ No –dije y él reacciono ante mi seria mirada- Te estoy diciendo la verdad Jude. Yo me enamore de un ángel llamado Alexander Engel, solo después de venir aquí me entere que era hijo de M.E.

Regla numero uno cuando se estaba fuera de las instalaciones de Solcius: Era peligroso mencionar el nombre de Michael Engel quien sabe por que. Regla numero dos: Fuera, yo soy solamente una bruja y nadie puede saber quien es mi mamá o que es ella. Regla numero tres: era importante que el tema de Alex se mantuviera en secreto. Aquellas eran las únicas reglas que me había impuesto mi mamá los primeros días. Y yo aquí estaba, rompiendo la tercera regla. Pero Jude era de confianza. Es decir, no tenia nada en contra de Michael Engel y no reaccionaria como seguramente lo habría hecho Will.

_ ¿Cuántas personas saben que M.E. tiene un hijo? –pregunto él

_ Nadie lo sabía y yo no sabia quien era M.E. –dije- Fue el día que llegue que el director y mi mamá lo supieron. No tengo ni idea de cómo andan tratando aquel asunto y quienes lo saben o no.

_ Pues los que estamos cumpliendo con el entrenamiento no lo sabemos –dijo Jude- ¿Me puede explicar como demonios terminaste saliendo con el hijo de M.E.?

_ Ya te lo dije, yo no sabía nada respecto a Solcius y mucho menos a M.E. –respondí- Para cuando me entere de que pertenecía a Solcius yo ya estaba saliendo con él. En ningún momento se me ocurrió pensar que sus padres eran quienes alguna vez traicionaron a esta organización.

_ Entonces andas enamorada de Alexander Engel –dijo Jude y asentí mirando mi taza, no me atrevía a mirarlo a él

_ Lo amo –susurre

_ ¿Alguna vez se lo has dicho? –pregunto él

_ Creo que no –dije

_ ¿Y él te lo ha dicho? –continuó Jude

_ Dos veces –dije y suspire- La primera él tenia hecha una marca maldita y casi mas muere. Y la segunda, yo me sentía culpable por todo lo que había ocurrido y estaba tratando de irme. Él me detuvo en el aeropuerto y me pregunto si tenía que decirme que me amaba para que me quedara.

_ Que romántico –dijo Jude y tomo un sorbo de su batido- Y además te dio una pluma suya, eso suma puntos. Pero no creo que haya tenido una marca maldita y siga vivo, eso es imposible. Las verdaderas marcas malditas se hacen con armas, esas tontas líneas que te aparecen hechas con las varitas no son en realidad marcas malditas ya que se quitan fácilmente.

_ Diana lo atravesó teniendo su daga en la mano izquierda –dije y lo mire- Yo misma vi la mancha negra en su abdomen y lo vi muriéndose delante de mí. Pero sobrevivió, Nicholas Devang lo salvo.

_ ¿La ex mano derecha de Lucifer? –pregunto Jude y asentí

_ Y mi ex novio –dije

_ ¿Has salido también con Nicholas Devang? –Pregunto Jude- Enserio consigues a los mejores hombres. La ex mano derecha de Lucifer y el hijo de M.E.

Reí tontamente y ambos volvimos a estar sumidos en nuestras bebidas. Era bueno poder confiar en Jude y contarle todo.

Your Reply